Mide lo que puedas medir…

Esta entrada fue publicada originalmente Naukas.

…y lo que no puedas medir, hazlo medible.

Acabo de buscar esta frase en Google y me salen unas docenas de resultados. Esta otra variante, en cambio, proporciona más de 3000: Mide lo que sea medible y haz medible lo que no lo sea. Y si la busco en su versión inglesa, Measure what can be measured, and make measurable what is not so (o también, Measure what is measurable, and make measurable what cannot be measured, y otras varias combinaciones), entonces salen muchos miles de resultados, especialmente si pongo solo la primera parte de la frase….


Galileo Galilei (1564-1642) por Justus Sustermans

Prácticamente todo el mundo la atribuye a Galileo Galilei… pero casi nadie cita la fuente. No recuerdo exactamente cuándo me tropecé por primera vez con esta frase, pero fue hace bastantes años. Tampoco recuerdo dónde la vi por primera vez, aunque sospecho que fue en el clásico manual de Roger Pressman, Ingeniería del software, un enfoque práctico (en concreto, en la página 477 de la 6ª edición inglesa… sí, tomé nota), en el contexto de las medidas de calidad del software [1].

¿De verdad dijo esto Galileo?

Me picó la curiosidad, y busqué más, encontrando que las pocas veces que se citaba una fuente, esta era una breve charla radiofónica (apenas dos páginas) del gran matemático alemán Hermann Weyl, de 1947 (publicada en 1959), titulada Mathematics and the laws of nature [2]… que a su vez no daba ninguna referencia para la cita.


Hermann Weyl, Mathematics and the laws of nature (1947)

Por fin logré localizar una cita equivalente en italiano, aunque a priori no es fácil saber si las palabras originales serían en italiano o en latín: Misura ciò che è misurabile e ciò che non è misurabile rendilo misurabile. La mayoría, como en español y en inglés, no citaban nunca la fuente; y del puñado de sitios que encontré que daban alguna referencia –entre ellas alguna tesis doctoral–, esta era una cita totalmente genérica a las Obras Completas [3], sin volumen ni número de página. Ocasionalmente, también se daba como referencia, algo más concreta, la obra que Galileo publicó en 1632, provocando su segundo enfrentamiento con la Inquisición, el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo [4]. Pero lo cierto es que la frase no se encuentra en esta obra, que puede consultarse en línea aquí.

Tampoco se encuentra en la que es su obra más importante, escrita en los años siguientes durante su reclusión forzosa en Arcetri y publicada en 1638, en la que recopiló gran parte de su trabajo de los 30 años anteriores, los Discorsi e dimostrazioni matematiche, intorno à due nuove scienze [5]. Es cierto que en esta obra Galileo desarrolla un increíble ingenio para hacer medibles magnitudes difíciles de medir con precisión, especialmente el tiempo y la velocidad (el término misura y sus derivados aparecen 64 veces en 144 páginas de la versión en línea). Pero la frase como tal no se encuentra ahí, ni ninguna parecida, por mucho que se diga en artículos por lo demás estupendamente documentados [6]. Ni tampoco se encuentra, en definitiva, en ninguna de sus obras publicadas.

¿Un callejón sin salida? Me parecía que la disparidad y abundancia de fuentes indicaba que la tradición de que Galileo dijo o escribió esto probablemente se remonta a bastante tiempo atrás. No me parecía probable que el primer origen documentado fuera el del Hermann Weyl en la breve conferencia de 1947 citada más arriba, y que él se hubiera inventado la cita. Y entonces me topé con un paper sobre compresión de señales [7] que me llevó a otro sobre historia de la ciencia [8] que afirmaba claramente que no se trata de una cita literal de Galileo.

Este trabajo de Andreas Kleinert [8] ha logrado trazar el origen de la cita hasta dos eruditos franceses del siglo XIX, Antoine-Augustin Cournot en 1847 y Thomas Henri Martin en 1868. A su difusión contribuyó posteriormente, en 1894, el filósofo alemán Wilhelm Dilthey, que tradujo estas supuestas frases de Galileo al alemán, aunque sin citar ninguna fuente. Probablemente, según Kleinert, la idea llegó de Dilthey a Weyl, y este último fue el que máximamente la popularizó.

Galilée, rejetant des spéculations depuis si longtemps stériles, a conçu l’idée […] de préciser la forme générale à donner aux expériences, en leur assignant pour objet immédiat la mesure de tout ce qui peut être mesurable dans les phénomènes naturels (Antoine-Augustin Cournot, 1847).

Galileo, rechazando especulaciones estériles desde tiempo atrás, concibió la idea […] de precisar la forma general que hay que dar a los experimentos, asignándoles como objeto inmediato la medición de todo lo que se pueda medir en los fenómenos naturales.

Il [Galilée] déclare que dans tous ces phénomènes il faut mesurer tout ce qui est mesurable, et tâcher de rendre mesurable tout ce qui ne l‘est pas directement. (Thomas Henri Martin, 1868).

Él [Galileo] declara que en todos estos fenómenos es necesario medir todo lo que sea medible, y tratar de hacer mensurable todo lo que no sea directamente medible.

Alles messen, was messbar ist, und versuchen, messbar zu machen, was es noch nicht ist (Wilhelm Dilthey, 1894).

Medir todo lo que es medible, e intentar hacer medible lo que todavía no lo es.

No obstante, es muy posible que los canales de difusión fueran diversos. En otro paper sobre historia de la psicología [9] encontré la referencia a una muy conocida –en su tiempo– Historia de la Filosofía Moderna [10], del danés Harald Høffding en 1894 (mismo año que Dilthey), traducida primero al alemán y de ahí al inglés, y luego publicada nuevamente en 1912 en una versión abreviada. Ahí encontramos, en la página 39:

Galileo Galilei (1564-1642) is the real founder of modern science, because he shows the clearest understanding of modern methods—the method of induction and deduction as mutually complementary. If induction demanded the examination of every possible case, inductive inference would be impossible. But it is possible to examine a number of characteristic cases, and formulate a hypothetical principle by an analysis of these cases, and finally prove that the consequences deduced from this principle are in accord with experience. In order to make this deduction and show its agreement with the facts correctly we must be in position to state our facts in quantitative terms. We are therefore under necessity of measuring phenomena exactly. Galileo raised the watchword; Measure everything which is measurable and reduce the things which will not admit of direct measurement to indirect measurement.

Galileo Galilei (1564-1642) es el verdadero fundador de la ciencia moderna, porque muestra la más clara comprensión de los métodos modernos: el método de inducción y deducción como mutuamente complementarias. Si la inducción exigiera el examen de todos los casos posibles, la inferencia inductiva sería imposible. Pero es posible examinar una serie de casos característicos, y formular un principio hipotético mediante un análisis de estos casos, y finalmente demostrar que las consecuencias deducidas de este principio están de acuerdo con la experiencia. Para hacer esta deducción y mostrar su acuerdo con los hechos correctamente, debemos ser capaces de exponer los hechos en términos cuantitativos. Por lo tanto, tenemos la necesidad de medir los fenómenos exactamente. Galileo proclamó la consigna: Mida todo lo que es medible y reduzca las cosas que no admitan medición directa a medición indirecta.

Galileo nunca dijo eso, ¿y bien?

Aun no siendo una cita literal, hay que reconocer que estas palabras representan bien el leitmotiv que domina la obra de Galileo: la centralidad de los experimentos y las matemáticas en la Nueva Ciencia. Esa es la matematización con la que Galileo y otros (Kepler, Copérnico, y sus precedentes medievales, como Nicolás de Oresme) contribuyeron al “gran salto adelante” sin el cual la ciencia moderna es inconcebible. Podemos decir que Galileo se ajustó a este principio, aunque nunca lo pusiera por escrito. Desde luego, no se puede negar que estas palabras expresan muy bien el espíritu científico impulsado por Galileo y que alcanza su clímax en el siglo XIX. Otro gran científico de la época, William Thomson, Lord Kelvin, lo expresa con estas palabras [11]:

I often say that when you can measure what you are speaking about, and express it in numbers, you know something about it; but when you cannot express it in numbers, your knowledge is of a meagre and unsatisfactory kind; it may be the beginning of knowledge, but you have scarcely, in your thoughts, advanced to the stage of science, whatever the matter may be.

A menudo digo que cuando podemos medir aquello de lo que estamos hablando, y expresarlo en números, sabemos algo al respecto; pero cuando no podemos expresarlo en números, nuestro conocimiento es escaso e insatisfactorio; puede ser el comienzo del conocimiento, pero apenas nos hemos acercado, en nuestros pensamientos, al estadio de ciencia, sea cual sea el asunto de que se trate.


William Thomson, Lord Kelvin (1824–1907)


William Thomson, Lecture on “Electrical Units of Measurement” (3 May 1883)

Sabemos de verdad de qué hablamos cuando somos capaces de medirlo. Estas palabras se han hecho moneda común mucho más allá del estricto campo de la ciencia empírica donde fueron pronunciadas, y se usan frecuentísimamente en contextos sociológicos o de gestión de personas y organizaciones (“lo que no puedes medir, no lo puedes gestionar”, “lo que no se puede medir no se puede mejorar”), hasta el punto que puede decirse que vivimos actualmente sometidos a una “dictadura del número”. Lo que dice Kelvin se aplica a las magnitudes físicas, y él mismo (que era un extraordinario científico, pero en ningún modo un materialista) se hubiera horrorizado si alguien pretendiera aplicar su dicho a toda la realidad. Y lo mismo podemos decir de Galileo, si tomamos la supuesta cita como expresión válida de su pensamiento.

Claro que la ciencia necesita medir y definir magnitudes medibles. No basta decir que cuando la rampa está más inclinada –esa rampa con la que jugaba Galileo–, la bola rueda “más rápido”. ¿Cuánto más rápido? Hay que dar la fórmula matemática, y hay que verificarla con resultados experimentales. La medición cuantitativa constituye uno de los pilares de la ciencia empírica moderna. El problema no es medir, sino llegar a pensar que solo es real lo que se puede medir: lo medible, lo extenso… o sea, la res extensa de Descartes, coetáneo de Galileo. La actitud contraria, mucho más sensata, se expresa en el otro dicho (al que ya me referí aquí y aquí): no todo lo que cuenta puede ser contado.

Medir arroja una luz muy interesante sobre la realidad. Pero si eso lleva a reducir la realidad a lo que se puede medir… es como aquella historia del borracho que buscaba las llaves de su casa bajo la farola porque era el único sitio donde había luz, aunque se le habían caído en otro sitio (ya que estamos, esta parábola es atribuida frecuentemente a Abraham Kaplan [12], aunque hay pruebas de que se remonta al menos a los años 20 del siglo pasado, y probablemente tiene origen inmemorial).

Cuando estamos acostumbrados, es más, entrenados, para medir determinados aspectos de la realidad, existe el peligro cierto de ignorar más o menos deliberadamente lo que no se puede medir, o lo que es muy difícil de medir, de modo que lo medible adquiere una importancia desmedida. Lo medible se infla, lo no medible no importa, incluso se oculta para que parezca que no existe. Así ocurre a veces, por ejemplo, en el mundo de la educación, con los “indicadores de rendimiento académico” [13]. Pero puede ocurrir en cualquier campo del saber, transmutando –y corrompiendo– el dicho atribuido a Galileo: “mide lo que puedas medir, ignora lo que no puedas medir”.

Referencias

[1] Roger S. Pressman (2005). Software Engineering A Practitioner’s Approach. McGraw-Hill Pub Co., Sixth Edition.

[2] Hermann Weyl (1959). “Mathematics and the Laws of Nature”, en Gordon, I. and S. Sorkin (eds.), The Armchair Science Reader, Simon and Schuster, Nueva York, pp. 300-303. Accesible aquí.

[3] Galileo Galilei. Opere complete, Società Editrice Fiorentina, Firenze, 1964. Las obras completas de Galileo pueden descargarse de modo gratuito aquí, y además se puede hacer la búsqueda global de un texto en el conjunto de ellas. Hace unos años, cuando empecé a interesarme por este tema, este recurso todavía no existía.

[4] Galileo Galilei (1632). Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano. Edición de Antonio Beltrán, Alianza Editorial, Madrid, 2011. Original en línea, además del enlace ya citado para las Obras Completas.

[5] Galileo Galilei (1638). Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias. Edición de Carlos Solís y Javier Sádaba, Editora Nacional, Madrid, 1976. Ver Opere complete [3].

[6] Fernando Bombal Gordón (2014). Galileo Galilei: un hombre contra la oscuridad. Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales 107(1-2):55-78, XVI Programa de Promoción de la Cultura Científica. Accesible aquí.

[7] Thomas Strohmer (2012). “Measure What Should be Measured: Progress and Challenges in Compressive Sensing”. IEEE Signal Processing Letters 19(12), accesible en ArXiv.

[8] Andreas Kleinert (2009). “Der messende Luchs. Zwei verbreitete Fehler in der Galilei-Literatur. (The Measuring Lynx. Two Widespread Mistakes in the Galileo Literature),” N.T.M. Zeitschrift für Geschichte der Wissenschaften, Technik und Medizin, vol. 17, pp. 199–206. Accesible aquí.

[9] Arne Friemuth Petersen (2004). “The Humanities and Psychology in a Historical Perspective”. En Julio Hans Casado Jensen (ed.), The Object of Study in the Humanities, Museum Tusculanum Press. Accesible aquí.

[10] Harald Høffding (1912). A Brief History of Modern Philosophy. Translated by Charles Finley Sanders. Macmillan. Accesible aquí.

[11] William Thomson, Lord Kelvin (1883). Lecture on “Electrical Units of Measurement”. Popular Lectures Vol. I, p. 73.

[12] Abraham Kaplan (1964). The Conduct of Inquiry: Methodology for Behavioral Science. Transaction Publishers.

[13] C. Tipple (1990). “Reactions from a CEO”. In Carol Taylor Fitz-Gibbon (ed.), Performance Indicators, BERA Dialogues: 2. Accesible aquí.

Créditos de las imágenes

https://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei
https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-642-73870-8_8
https://es.wikipedia.org/wiki/William_Thomson
https://archive.org/stream/popularlecturesa01kelvuoft#page/72/mode/2up

11 pensamientos en “Mide lo que puedas medir…

  1. Es cierto, las citas a menudo o no se dice de dónde vienen, o si se dice, se dice dónde se vio esa cita citada por otro autor. Acabo de leer un libro plagado de citas, y casi todas son de este tipo: “Cita de San Agustín [por ejemplo] encontrada en tal otro libro de otro autor”, pero no menciona la obra original de la cita. Se supone que el lector tiene que comprarse todos los libros donde el autor encontró una referencia de alguna cita, para averiguar los datos completos de la cita.

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  2. Para desgracia de los cardenales inquisidores, Galileo demostró la falsedad del sistema ptolemaico sin necesidad de hacer cálculos. Con su descubrimiento telescópico de las fases de Venus fue suficiente, ya que dichas fases implicaban que Venus orbitaba alrededor del Sol. O sea, que también se puede hacer ciencia sin apoyarse en los números.

    Por otro lado, Kelvin es un buen ejemplo de que la ciencia basada en sofisticados cálculos puede a veces desbarrar. El cristiano Kelvin calculó para la Tierra una antigüedad muy inferior a la que requería la teoría evolutiva del incrédulo Darwin. Al final resultó que la edad calculada por el devoto Kelvin no era correcta porque se basaba en un modelo físico erróneo.

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    • Tanto Galileo como Kelvin, siendo ambos eminentes científicos -y ambos creyentes, por cierto, católico y anglicano respetivamente-, cometieron errores. El error de Galileo con su teoría de las mareas, que pretendidamente demostraba el movimiento de la Tierra, fue si cabe mucho mayor, porque esta teoría era contradictoria con la nueva física que él mismo estaba desarrollando.

      En cambio, las conclusiones de Kelvin (unos 100 millones de años para la edad de la Tierra, cifra muy alejada del literalismo bíblico) eran razonables a partir de su modelo físico de la conducción del calor. Kelvin no tuvo en cuenta que además de la conducción había que tener en cuenta la convección, a pesar de que se lo sugirió su propio colaborador John Perry. El modelo físico era erróneo, sí, pero no era tan fácil darse cuenta en una época en la que no se había descubierto todavía la radioactividad, por lo que la fuente de calor interno del sol, y su misma edad, tampoco se podían calcular correctamente.

      La edad de la Tierra estimada por Kelvin podía parecer insuficiente para la evolución darwiniana, aunque, en realidad, sin conocer bien los principios subyacentes a la evolución, tampoco era posible establecer el tiempo que habría requerido el desarrollo de la vida, ni por tanto una cota mínima a la edad de la Tierra que fuera incompatible con la estimación de Kelvin.

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      • La relativamente corta edad de la Tierra estimada por Kelvin, además de resultar incompatible con la teoría darwiniana (la cual tenía que desagradarle al cristiano Kelvin, pues implicaba un cambio evolutivo lento y natural, sin planificación divina ni intervenciones milagrosas), también resultaba incompatible con las enormes columnas de estratos fosilíferos descubiertas por los geólogos. En caso de conflicto entre una prueba sólida, como esta de los estratos geológicos, y cualquier modelo físico, es este último el que lleva las de perder.

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      • >> además de resultar incompatible con la teoría darwiniana

        Esto ya te he dicho que no es así, porque no sabiendo con precisión cómo funciona la transmisión de la herencia genética y sus alteraciones, no se puede decir cuánto tiempo hace falta para la evolución, y por tanto no se puede decir que sea incompatible con una estimación de la edad de la Tierra que no es precisamente pequeña.

        >> la cual tenía que desagradarle al cristiano Kelvin, pues implicaba un cambio evolutivo lento y natural, sin planificación divina ni intervenciones milagrosas

        ¿Tienes alguna prueba de esto, o simplemente te lo has inventado?

        >> también resultaba incompatible con las enormes columnas de estratos fosilíferos descubiertas por los geólogos

        Posiblemente es el argumento más sólido en contra de Kelvin, junto con el de Perry.

        >> En caso de conflicto entre una prueba sólida, como esta de los estratos geológicos, y cualquier modelo físico, es este último el que lleva las de perder.

        Esto es cierto, y yo no he dicho en ningún momento que Kelvin tuviera razón, tan solo intento ponerme en su lugar. De hecho, el ignorar los argumentos de Perry, mucho más claros para Kelvin que los geológicos, fue en su caso más injustificable. Muchos genios han sido también demasiado tercos para admitir que no tenían razón en determinadas cuestiones.

        De todas formas, es muy fácil juzgar la historia de la ciencia desde lo que sabemos hoy día. Muy fácil, y muy equivocado.

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    • “no sabiendo con precisión cómo funciona la transmisión de la herencia genética y sus alteraciones, no se puede decir cuánto tiempo hace falta para la evolución”

      Te equivocas. Como criador experto que era, Darwin sabía que las “alteraciones” heredadas en cada nueva generación eran pequeñas, aunque en su época aún no se conociera “con precisión” el mecanismo material que las producía. La selección natural actuaba sobre leves variaciones hereditarias y por eso la teoría evolutiva darwiniana es gradualista, a diferencia de otras teorías evolutivas rivales, como por ejemplo las saltacionistas.

      La gradualista teoría de Darwin requería que la Tierra hubiera sido habitable durante muchos centenares de millones de años. Kelvin, en cambio, sostenía que la Tierra (fundida al principio) solo había sido habitable desde hacía unas pocas decenas de millones de años. La Wikipedia dice que “Las opiniones propias de Thomson favorecieron una versión de la evolución teísta, acelerada por la orientación divina.”

      Ninguna otra teoría científica es tan corrosiva para la religión como la de Darwin. A los anglicanos en concreto les sentó muy mal la publicación de ‘El origen de las especies’ en 1859. Dado que Kelvin era anglicano, lo más probable es que compartiera el disgusto de sus correligionarios por la materialista teoría de Darwin.

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      • Me temo que el que te equivocas eres tú. Ciertamente, la teoría gradualista requería mucho tiempo, pero en aquellos años no había todavía un modelo matemático preciso que permitiera afirmar -como haces tú, derrochando seguridad- que se requerían “muchos centenares de millones de años”.

        Era más bien el propio Kelvin el que pensaba -insisto, con poco fundamento- que se requería más tiempo de lo que podía haber durado el Sol, suponiendo que su única fuente de energía era el colapso gravitatorio. ¿Pero cómo podía él saber que había que tener en cuenta, principalmente, la fusión termonuclear, como fuente de energía solar?

        Así que, en realidad, tú estás aceptando la misma premisa no demostrada de Kelvin -que se requerían cientos de millones de años-, pero en tu caso no para refutar el gradualismo darwiniano, sino para tratar de decir que Kelvin se aferraba a su datación de la Tierra por motivos no científicos, sino religiosos.

        Acepto que Kelvin se sintiera más cómodo con su datación que la que ofrecían otras teorías científicas fiables pero contradictorias con su visión, como las geológicas y el modelo físico de convección. Pero igualmente tú te sientes más cómodo con una datación que permite un tiempo larguísimo que no requiera intervención divina. ¿Y qué?

        >> Ninguna otra teoría científica es tan corrosiva para la religión como la de Darwin.

        Solo para una versión infantilista de la religión (y no te voy a discutir que mucha gente tenga esa visión). La evolución no es incompatible con la religión, y no es tan difícil integrarla adecuadamente en la cosmovisión cristiana (porque cuando hablas de religión, supongo que te refieres solamente al cristianismo). Pretender que un tiempo más largo o más corto puede servir para descartar o para requerir la intervención divina, es tener una visión muy ingenua de la intervención divina.

        Es cierto que la evolución darwiniana ha encontrado oposición entre muchos cristianos, pero en general me parece que el supuesto conflicto ya está ampliamente superado (no sociológicamente, pero sí académicamente). Puestos a buscar en la religión (cristiana) elementos corrosivos, o al menos que son difíciles de digerir, creo que hay otros candidatos mucho más prometedores para hacer perder la fe religiosa, que la supuesta oposición ciencia-fe.

        Pero el tema del post era otro. ¿Por qué siempre acabas comentando en la misma línea?

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    • “en aquellos años no había todavía un modelo matemático preciso que permitiera afirmar -como haces tú, derrochando seguridad- que se requerían “muchos centenares de millones de años” ”

      No hace falta ningún “modelo matemático preciso” para reconocer hechos que son de puro sentido común. Si a partir de una Tierra primitiva al rojo vivo (por tanto inhabitable) ha de surgir la vida y después esta ha de diversificarse de modo gradual como indica la teoría darwiniana, entonces es evidente que se requiere que la Tierra haya sido “habitable durante muchos centenares de millones de años”.

      “La evolución no es incompatible con la religión, y no es tan difícil integrarla adecuadamente en la cosmovisión cristiana”

      Pongamos un ejemplo. Según el dogma católico del pecado original, tanto el dolor como la muerte fueron introducidos en el mundo como consecuencia del pecado de Adán. Sin embargo, según la ciencia tanto el dolor como la muerte ya existían muchísimo antes de que hubiera surgido cualquier especie de hominino. ¿Cómo solucionas esa contradicción?

      “¿Por qué siempre acabas comentando en la misma línea?”

      Tú mismo me has llevado a esa “línea” al preguntarme en qué me baso para afirmar que a Kelvin tenía que desagradarle la teoría de Darwin.

      Por cierto, aquí se cita un discurso de 1871 en el que Kelvin reconoce que no acepta el mecanismo de la selección natural.

      https://ncse.ngo/kelvin-was-not-creationist

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      • >> No hace falta ningún “modelo matemático preciso”…

        Puedes seguir diciendo una y otra vez que es evidente y de puro sentido común que se requieren muchos centenares de millones de años, pero lo cierto es que sin saber a qué velocidad puede ir la evolución, se trata de puras especulaciones sin fundamento. Es como si yo dijera que Moscú está tan lejos que es “de puro sentido común” que necesitaría cientos de años para llegar caminando hasta allí.

        Gracias por el artículo referenciado. Interesante e instructivo. ¿Tú lo has leído? No sé, tengo mis dudas…

        Kelvin did provide one strong argument against Darwin’s theory of evolution: he estimated the age of the earth to be less than 100 million years, on the assumption that it has been cooling down from a hot molten ball with no internal generation of heat to replace that lost by conduction and radiation into space. Since Darwin had (somewhat carelessly) suggested that geological periods might last upwards of 300 million years, the impression was created that there had not been enough time for the slow process of evolution by natural selection to work. But there was nothing in Darwin’s original theory that fixed a rate of evolution, and thus its validity did not depend on any particular time scale.

        Corrígeme por favor si esto no es en esencia lo mismo que yo defiendo.

        Es más, el autor de este breve artículo defiende en esencia que Kelvin no era un creacionista, y que ni siquiera rechazaba la evolución biológica. Eso sí, lo que no acepta es el mecanismo de selección natural, pero no por motivos religiosos anticientíficos (que tú te empeñas en atribuir a diestro y siniestro). Es más, en las palabras que este autor cita de esa conferencia de 1871, Kelvin llega a decir: If a probable solution, consistent with the ordinary course of nature, can be found, we must not invoke an abnormal act of Creative Power. O sea, Kelvin es partidario de una evolución “teísta”, planificada si quieres, pero no una sucesión de milagritos. Justo lo contrario de lo que decías más arriba.

        >> Según el dogma católico del pecado original…

        Este no es un blog de teología católica, si te interesan esos temas relacionados con el dogma católico, seguro que puedes encontrar algún sitio donde te informen bien. Pero está claro que la teoría de la evolución ya ha hecho necesario reinterpretar el relato de la creación del Génesis de forma no literal; de modo que no es extraño que los teólogos tengan que repensar muchas afirmaciones tradicionales también sobre el pecado original y sus “consecuencias”.

        >> Tú mismo me has llevado a esa “línea”…

        En un artículo que trata sobre una cita apócrifa de Galileo sobre la necesidad de medir en la ciencia, eres tú el que sin venir a cuento has traído a colación al “devoto Kelvin”, al que “tenía que desagradarle” la teoría darwiniana.

        En fin…

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  3. “eres tú el que sin venir a cuento has traído a colación al “devoto Kelvin”, al que “tenía que desagradarle” la teoría darwiniana.”

    Estás tergiversando lo ocurrido. Mi primer comentario se ajustaba plenamente al tema de tu artículo, ya que, aprovechando que tú habías hablado de Galileo y de Kelvin, puse un ejemplo de Galileo que demostraba que es posible hacer ciencia sin necesidad de medir; y asimismo puse otro ejemplo de Kelvin que demostraba que unos cálculos matemáticamente impecables pueden llevar a una conclusión equivocada. Pero curiosamente tú no has hecho ninguna valoración sobre dichas demostraciones, sino que has preferido responderme comentando otras cuestiones diferentes, como por ejemplo que Galileo y Kelvin eran “ambos eminentes científicos y ambos creyentes”. Pues vale, estás en tu derecho, pero luego no pretendas echarme la culpa por los derroteros que haya tomado el hilo.

    “está claro que la teoría de la evolución ya ha hecho necesario reinterpretar (…) de forma no literal (…) el pecado original y sus “consecuencias”.”

    El problema es que la Iglesia católica aún sigue interpretando el pecado original de forma literal. Si lo dudas, no tienes más que consultar el Catecismo actual. En consecuencia, el conflicto entre el catolicismo y la evolución biológica está muy pero que muy lejos de haber sido superado.

    “Es como si yo dijera que Moscú está tan lejos que es “de puro sentido común” que necesitaría cientos de años para llegar caminando hasta allí.”

    No. El hecho de que pongas esa comparación indica claramente que estás confundido. Para que tu comparación fuera válida, debería incluir explícitamente alguna teoría concreta que predijera una muy baja velocidad para el caminar, del mismo modo que la teoría gradualista de Darwin predecía una muy lenta velocidad para la evolución.

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    • >> Estás tergiversando lo ocurrido.

      No estoy tergiversando nada. Tu comentario sobre Galileo era pertinente (“es posible hacer ciencia sin necesidad de medir”). Y sobre los cálculos de Kelvin y las teorías en las que se basaba creo que he dicho bastante, y ha sido el centro de la discusión. No obstante, en tu primer comentario ya aludes a motivaciones religiosas (como haces siempre): inquisidores, el cristiano Kelvin, el incrédulo Darwin. E insinuabas que el cálculo de Kelvin era erróneo debido a sus creencias. En mi respuesta me limité a señalar que los dos, no solo Kelvin, eran creyentes.

      >> la teoría gradualista de Darwin predecía una muy lenta velocidad para la evolución

      Es tan sencillo como esto, y parece increíble que no lo comprendas. Es una ecuación de las más elementales:

      Velocidad = Espacio / Tiempo

      Si no conoces la Velocidad de cambio evolutivo, y ni siquiera puedes dar un orden de magnitud, como explica el artículo de Stephen Brush que tú mismo has citado, entonces no puedes decir nada acerca del Tiempo requerido para recorrer un determinado Espacio (o sea, una determinada cantidad de cambios evolutivos). Decir “muy lenta velocidad para la evolución” no es dar un orden de magnitud. Eso es lo que trataba de mostrar con mi comparación.

      Si no das un orden de magnitud de la velocidad de cambio evolutivo, que fuera conocido en la época de Darwin y Kelvin, creo que esta discusión no da para más.

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