Contra la duda metódica: conocimiento tácito en Michael Polanyi

Hace unas semanas participé en el tribunal de la tesis en filosofía presentada por Martin Turkis, un profesor de secundaria del área de San Francisco, titulada Post-critical Platonism: an investigation into and development of the Metaphysics of Michael Polanyi.

Michael Polanyi fue un científico, economista y filósofo de origen húngaro y nacionalizado británico. Polanyi nació en una familia judía de Budapest con grandes inquietudes intelectuales. Estudió Medicina, y tras servir en el Ejército Austrohúngaro durante la I Guerra Mundial, obtuvo su doctorado en Química y emigró a Alemania en 1920, donde se casó y se convirtió al cristianismo. En 1933, tras el ascenso del nazismo, emigró nuevamente, esta vez a Gran Bretaña, donde pasó el resto de su vida.


Michael Polanyi (1891–1976)

Mi conocimiento de Polanyi era bastante superficial antes de leer esta tesis; se reducía prácticamente a saber que, como otros científicos-filósofos, afirmaba que el método científico no es una receta que pueda producir verdades mecánicamente: explicar las relaciones entre los fenómenos observados requiere inteligencia, imaginación y creatividad.

Como filósofo de la ciencia, Polanyi se oponía decididamente al positivismo científico y a la duda metódica como camino válido para alcanzar la verdad en el conocimiento. Por el contrario, todo conocimiento se asienta en creencias que aceptamos tácitamente, sin cuestionarlas explícitamente, porque están en un nivel de conocimiento “subsidiario”. Este ejemplo de Polanyi (Meaning, p. 33) puede ilustrar estos dos niveles de conocimiento:

Una característica llamativa del conocimiento de una habilidad es la presencia de dos tipos diferentes de conciencia (awareness)… Cuando utilizo un martillo para clavar un clavo, atiendo a ambos tipos, pero de forma muy diferente. Observo los efectos de mis golpes en el clavo mientras manejo el martillo. No siento que su mango haya golpeado mi palma, sino que su cabeza ha golpeado el clavo. En otro sentido, por supuesto, estoy muy atento a las sensaciones de la palma y los dedos que sostienen el martillo. Estas sensaciones guían mi manejo de manera efectiva, y el grado de atención que le doy al clavo se lo doy a estas sensaciones en la misma medida, pero de manera diferente. La diferencia puede establecerse diciendo que estas sensaciones no se observan en sí mismas, sino que observo otra cosa mientras me mantengo consciente de ellas. Conozco los sentimientos en la palma de mi mano al confiar en ellos para atender al martillo que golpea el clavo. Puedo decir que tengo una conciencia subsidiaria de las sensaciones en mi mano que se fusiona con mi conciencia focal de que estoy clavando el clavo.

Como explica Martin en su tesis, el núcleo de la orientación post-crítica de Polanyi es una rehabilitación explícita de la “creencia metódica”, con el consecuente destronamiento de la duda metódica en la que se instaló el pensamiento occidental a partir de Descartes. Es importante notar que esto no implica ningún tipo de fideísmo, ni descarta el papel constructivo que desempeña la duda cuando se aplica adecuadamente en nuestros procesos epistémicos.

El lugar adecuado de la duda se puede resumir en esta frase: para dudar hay que tener un motivo. No creemos ciegamente ninguna afirmación, estamos dispuestos a revisar cualquier creencia; pero solo revisamos lo que creemos cuando se presenta un motivo razonable para hacerlo. Esto es “creencia metódica”. Y es una postura intelectual que se aproxima bastante al «falibilismo» y la lógica de la abducción en Charles S. Peirce.

Es decir, lo equivocado es el método cartesiano expuesto en su famoso Discurso del Método: dudar metódicamente de todo hasta toparse con una afirmación de la que no se pueda dudar (pienso, luego existo – cogito, ergo sum). Lo cierto es que el método en sí tuvo más éxito que la supuesta primera verdad indubitable que Descartes afirmó haber alcanzado. Pero el método mismo es una insensatez. No podemos, existencialmente, dudar de todo. Para dudar hay que tener un motivo.

[Añadido: como dice un comentarista, cogito ergo sum se traduce mejor como «pienso, luego soy».]

REFERENCIAS

Polanyi, Michael (1958). Personal Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy. Chicago, Illinois: University of Chicago Press.

Polanyi, Michael y Prosch, Harry (1975). Meaning. Chicago, Ilinois: University of Chicago Press.

Turkis, Martin (2019). Post-Critical Platonism: Preliminary Meditations on Ethics and Aesthetics in Iris Murdoch and Michael Polanyi. Tradition and Discovery 45(1):30-41.

Turkis, Martin (2022). Post-critical Platonism: an investigation into and development of the Metaphysics of Michael Polanyi. Tesis doctoral en filosofía, Universidad de Navarra.

Savarese, Miriam (2020). Michael Polanyi. Philosophica, enciclopedia filosófica online.

http://www.polanyisociety.org/

6 comentarios en “Contra la duda metódica: conocimiento tácito en Michael Polanyi

  1. No he leído a Polanyi, pero lo que explicas respecto a la creencia metódica me recuerda el concepto de «warrant» de una creencia, tal como lo explica Alvin Plantinga, que por cierto, también cita a Charles S. Peirce.

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  2. Buenas

    El lema “cogito, ergo sum” se traduce mal. La traducción correcta es pienso, luego soy. No es lo mismo ser que existir. El verbo existir posee un carácter predicativo en el sentido de que la existencia presupone un sujeto o causa que culmina en la aparición o existencia de algo. Lo que enuncia el verbo ser no requiere causa previa puesto que denota un carácter ontologizante. Lo que es no requiere existencia; su manifestación es potencial, puede manifestarse o puede no hacerlo.

    Puesto a elegir entre la creencia metódica y la duda metódica prefiero la segunda. La duda metódica, en mi opinión, no conduce a dudar de todo. Por el contrario, es el filtro que evita quedar atrapado en el bucle de la creencia metódica y en la fosilización de nuestras percepciones. La duda metódica no es invención de Descartes sino de escépticos como Pirrón y algunos filósofos orientales que vieron que la naturaleza física y humana está recorrida por la impermanencia. El criterio de falsabilidad de Popper también apunta en la dirección de la duda y la refutación parcial o total de las teorías científicas.

    La creencia metódica conduce a la aceptación acrítica de los dogmas religiosos. En nombre de la creencia religiosa metódica se asesina y martiriza a hombres y mujeres. Cuando se asesina en nombre de un dogma político o religioso no solo se elimina la existencia de la persona, también se aniquila su ser. La duda metódica interpone una reflexión crítica que va más allá de la existencia para afirmar que el ser de las cosas y de los seres vivos no es patrimonio de la religión. El pensamiento crítico y sensible establecido en la duda metódica se erige en defensa ante los abusos cometidos en nombre de la tradición fosilizada y la propaganda que la justifica.

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    • Conforme con la corrección en la traducción de «cogito, ergo sum», lo anoto en la propia entrada.

      Me parece que, tal como expones la duda metódica, es lo mismo que la creencia metódica: se puede dudar, se puede dudar de todo, pero para dudar hay que tener un motivo. Esta postura, se llame como se llame, es sensata.

      Lo que no es sensato es dudar de todo, metódicamente, hasta encontrar aquello de lo que no se puede dudar. No es sensato, porque no es un camino practicable. Y no me negarás que es este el camino que muestra Descartes en su Discurso. Otra cosa es que fuera un mero artificio literario, porque en realidad él no podía dudar de todo.

      Y claro que tampoco es sensato no dudar de nada, por muchos motivos que uno tenga delante para dudar. Eso es justamente la supresión del juicio crítico que denuncias.

      Pero no estoy en absoluto de acuerdo en que la creencia metódica sea una trampa para quedar atrapados en nuestras creencias, religiosas o de otro tipo. No es una trampa, precisamente porque la creencia metódica está abierta a la duda motivada. Y por eso mismo la creencia metódica = duda motivada no puede conducir a la aceptación acrítica de ningún dogma.

      Claro que corremos el riesgo de creer cosas que no deberíamos creer. Igual que corremos el riesgo de no creer lo que sí deberíamos creer. Entre esos dos extremos viciosos hay un término medio virtuoso, que será tan difícil de alcanzar como difícil es reconocer los motivos razonables para dudar y para creer.

      Como dice un conocido mío, los que buscan la verdad siempre tienen dudas.

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    • Trenchtown dice: «La creencia metódica conduce a la aceptación acrítica de los dogmas religiosos. En nombre de la creencia religiosa metódica se asesina y martiriza a hombres y mujeres.»

      La primera parte no es cierta. Lea a Alvin Plantinga y me dirá si la forma de creencia metódica que él propone le conduce a aceptar de forma acrítica los dogmas religiosos.

      La segunda parte puede ser verdad en algunos casos, pero también lo es para cualquier otra creencia, como el milenio del Tercer Reich, el marxismo, el comunismo, y tantos otros ismos, muy pocos de los cuales tienen que ver con la religión.

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  3. Buenas

    Génova, las críticas más acertadas a la escala escéptica cartesiana vienen, en mi opinión, de pensadores cercanos al esoterismo y a la filosofía oriental. Por resumir; si el límite gnoseológico del pensamiento es el yo soy o ser manifestado o existente dónde queda el no ser, el no yo o el yo silencioso?

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