¿Somos tablillas de cera?

Una larga tradición, que arranca en la metáfora de la tablilla de cera presentada en el Teeteto de Platón (427-347 a.C.), lleva a pensar que la relación entre la representación mental y la realidad representada es en cierto modo mecánica o automática. Pero lo cierto es que los aspectos convencionales de la significación hacen imposible comprenderla como un proceso físico-mecánico. Las ciencias de la computación, contrariamente a una visión superficial, no apoyan sino desmienten esa concepción mecanicista de la racionalidad, confirmando que la semiosis (es decir, la relación entre los signos y los significados) solo puede darse en sujetos libres, es decir, no completamente sometidos a las leyes de la materia.


Reproducción de una tablilla de cera de estilo romano con tres estiletes

Entre los textos de la antigüedad que han dejado una mayor impronta en nuestra cultura podemos contar sin duda el famoso símil del alma como una tablilla de cera en la que se imprime la forma del objeto conocido; una metáfora de Platón que más tarde fue adoptada como emblema de la corriente empirista que en buena medida ha dominado el pensamiento occidental desde la Ilustración. Así lo recoge Platón en el Teeteto (191) [1, pp. 217-219]:

SÓCRATES: Supón, pues, para que no nos falte argumento, unos bloques de cera en nuestras almas, capaces de recibir impresiones; en el alma de uno un bloque mayor, en la de otro, pequeño, en la de éste de cera pura, en la de aquel de cera adulterada; en el alma de fulano, un bloque de cera seca, en la de zutano uno de cera húmeda; en el alma de algunos, bloques en su justo medio.

TEETETO: Lo supongo.

SÓCRATES: De esto vamos a decir que es un regalo de la madre de las Musas, de Mnemosine; aquello de que queremos acordarnos de entre lo que vimos, lo que oímos, o incluso entre lo que pensamos, lo imprimimos en este bloque por cuanto lo mantenemos para percepciones y pensamientos, tal como sellamos con el cuño de un anillo. Lo que se imprime, lo recordamos y lo sabemos durante todo el tiempo que perdura la reproducción. Pero si esta se borra o no se ha podido llegar a imprimir, entonces olvidamos la cosa, no la conocemos.

La metáfora es ciertamente sugerente, pero a la vez resulta paradójica, puesto que, en la tablilla de cera del escriba, el que hace las marcas, el que escribe, es el sujeto humano. ¿Quién escribe en la tablilla del alma? Si pensamos que es también el sujeto el que escribe en «su» tablilla, «su» memoria, entonces en cierto modo estamos separando al sujeto de una parte de su cuerpo, que usa como instrumento. Si, por el contrario, pensamos que la tablilla es elemento indistinguible del propio sujeto (es su misma alma), entonces la imagen nos lleva a pensar instintivamente que la impresión es una suerte de proceso físico-mecánico involuntario, mediante el cual las percepciones y los pensamientos quedan automáticamente registrados en el alma (en el sujeto).

La metáfora de la tablilla de cera y su posible doble sentido tiene interés actual, no tanto porque los griegos sean nuestros pensadores clásicos, sino más bien porque, de alguna manera, como decía Zubiri, «los griegos somos nosotros» [2]. En todo caso, no es mi propósito analizar cuál de estos sería el sentido preferido por Platón o por otros pensadores; o cuál sería el sentido más «correcto» para entender adecuadamente qué es el conocer humano [3]. Más bien me importa señalar cómo este asemejamiento del proceso de conocer a un proceso físico-mecánico sigue perdurando en nuestra cultura (o, como se dice ahora, nuestro «imaginario colectivo»), a menudo de forma no tan beneficiosa, especialmente entre quienes han recibido una formación de carácter científico-técnico, y que posiblemente han estado más influidos por el empirismo.


Escribiendo con estilete sobre una tablilla de cera plegable.
Pintado en una vasija de barro griega alrededor de 500 a.C.

Aún recuerdo cómo en mis estudios básicos de filosofía me explicaban el conocimiento intelectual como un intus legere —leer dentro— de modo semejante a como un aparato de rayos X es capaz de ver en el interior de un cuerpo humano (y yo, ingenuamente, creía que lo estaba entendiendo). Nuevamente, el proceso puramente físico-mecánico —en la radiografía, en lugar de la tablilla de cera— es usado como metáfora para intentar explicar algo que en realidad no es reducible a meras interacciones entre entidades materiales. Aun así, a pesar de esta incongruencia, la imagen de la radiografía y otras semejantes se siguen usando para explicar la adaequatio de la mente a la realidad, de forma que inspire la construcción de «modelos mentales», y por extensión modelos computacionales, que se supone deben ser copias exactas —adecuadas— de lo representado.


La radiografía como «copia adecuada» del interior del cuerpo humano

Mi propósito es, por el contrario, mostrar lo que la semiótica peirceana puede aportar para corregir estas interpretaciones excesivamente simplistas del proceso de conocer. Como es bien sabido, la semiosis puede darse por vía de semejanza (copia más o menos exacta), por vía de causalidad eficiente (proceso de formación del signo), o por vía de atribución simbólica (significado convencional), siendo esta tercera vía irreductible a las dos anteriores. Y, justamente, una mejor comprensión de lo que es una máquina computacional viene a reforzar esta idea de que lo simbólico es irreducible a lo icónico o indicial; o, dicho de otra manera, que los procesos mentales no son reducibles a procesos físico-mecánicos, sino que solo pueden darse en un sujeto libre, es decir, no completamente sometido a las leyes de la materia…

Puedes seguir leyendo en [4] el trabajo que presenté en la Jornada Peirceana en Madrid, 10 de junio de 2022.

Referencias

[1] Platón. Teeteto. Prólogo, traducción y notas de Manuel Balasch. Barcelona, Anthropos, 1990.

[2] José Luis González Quirós. Sally Brown y los filósofos griegos: ¿tenemos todavía algo que aprender de ellos? HUMAN REVIEW. International Humanities Review / Revista Internacional de Humanidades, 10(2):283-291, 2021.

[3] Francisco Gonzalez. Wax Tablets, Aviaries, or Imaginary Pregnancies? On the Powers in Theaetetus’ Soul. Études platoniciennes, 4, 273–293, 2007.

[4] Gonzalo Génova. Semiótica, computación, mecanicismo y libertad: ¿Un argumento semiótico en favor de la existencia de Dios? HUMAN REVIEW. International Humanities Review / Revista Internacional de Humanidades, 11(1):47–58.

Créditos de las imágenes

https://es.wikipedia.org/wiki/Tablilla_de_cera
https://www.freepik.es/vector-gratis/ilustracion-concepto-radiografia_10200995.htm

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6 comentarios en “¿Somos tablillas de cera?

  1. La sutil diferencia entre estudiar al ser humano, y ya si me apuras la realidad «como si fuera una máquina» y el creer literalmente que «es una máquina» debería ser de primero de cualquier carrera científico técnica. Todavía alguno dice «¿y qué otra cosa podría ser?» no entendiendo que esa interrogación encierra una afirmación que es un privilegio epistémico que no está justificado, la mente como espejo de la realidad. Supongo que es herencia de un cartesianismo que no se ha superado, aunque ellos al no ser dualistas, lo creen superado quedándose sólo con la res extensa. En definitiva un disparate.

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    • Gracias, Ricardo, completamente de acuerdo.

      Douglas Hofstadter define la inteligencia como la capacidad de ver parecidos entre cosas diferentes, y de ver diferencias entre cosas parecidas (Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle. Tusquets Editores, 1987, pp. 29-30).

      Así que hay que ser inteligente para ver el parecido entre un ser humano y una máquina, pero hay que ser poco inteligente para no ver la diferencia.

      Por cierto que he recordado que Aristóteles también usa el ejemplo de la marca en la cera para explicar qué es el alma, aunque en su caso lo refiere explícitamente a la operación de los sentidos, o sea, solo al conocimiento sensible: sentido es la facultad capaz de recibir las formas sensibles sin la materia al modo en que la cera recibe la marca del anillo sin el hierro ni el oro (De Anima, III, 12, 424a).

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  2. Génova, disculpa pero algo ha pasado al colgar el comentario. Lo intento de nuevo.

    >> Las ciencias de la computación, contrariamente a una visión superficial, no apoyan sino desmienten esa concepción mecanicista de la racionalidad, confirmando que la semiosis (es decir, la relación entre los signos y los significados) solo puede darse en sujetos libres, es decir, no completamente sometidos a las leyes de la materia.

    ¿La reflexión anterior supone un refuerzo de la tesis platónica de las ideas? ¿Qué se entiende por no estar sometido a las leyes de la materia? Entiendo que el progreso de la ciencia se debe al sometimiento y estudio de las leyes de la materia, una paradoja que obliga al sujeto libre a someterse a la realidad que explora. Si por leyes de la materia se entiende un espacio 3+1 dimensional sujeto a la gravedad y el electromagnetismo ¿en qué dimensión habita el sujeto libre no condicionado por el espacio 4D gravitacional y electromagnético?

    >> Más bien me importa señalar cómo este asemejamiento del proceso de conocer a un proceso físico-mecánico sigue perdurando en nuestra cultura […], a menudo de forma no tan beneficiosa, especialmente entre quienes han recibido una formación de carácter científico-técnico, y que posiblemente han estado más influidos por el empirismo […] o, dicho de otra manera, que los procesos mentales no son reducibles a procesos físico-mecánicos, sino que solo pueden darse en un sujeto libre, es decir, no completamente sometido a las leyes de la materia…

    Esta objeción al empirismo me parece problemática porque obliga al empirista a una especie de conversión religiosa enmascarada en la noción de sujeto libre. Se han obtenido grandes logros tecnológicos siguiendo la vía empírica sin necesidad de bilocar al investigador en una realidad tangencial a la habitual. Otro problema que se presenta es que se clausura la posibilidad de que las máquinas computacionales adquieran conciencia, es decir, inteligencia y sensibilidad humanas. En efecto, ¿de qué manera puede decirse que una computadora es un sujeto libre no sometido a las leyes de la materia?

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    • Hola Trenchtown,

      >> Génova, disculpa pero algo ha pasado al colgar el comentario. Lo intento de nuevo.

      He borrado la primera versión incompleta del comentario. He tardado unos días en responderte porque tu comentario merece una respuesta pausada y detallada.

      >> ¿La reflexión anterior supone un refuerzo de la tesis platónica de las ideas?

      Supongo que hay varias interpretaciones posibles de la tesis platónica de las ideas, así que sin saber exactamente a qué te refieres no puedo responderte.

      >> ¿Qué se entiende por no estar sometido a las leyes de la materia?

      Significa que el conocimiento racional no puede explicarse exclusivamente como un proceso físico-mecánico.

      Esto lo podría haber expresado mejor, si tenemos en cuenta que la concepción mecanicista del mundo no responde necesariamente a las «verdaderas» leyes de la materia. Lo podría haber expresado así: la racionalidad no puede darse en un sujeto completamente sometido a las leyes de la materia tal como las formula la concepción mecanicista del mundo.

      El reduccionismo metodológico de la ciencia es perfectamente legítimo, siempre que no pretenda extralimitarse y decir que el universo es lo que se puede conocer de modo reduccionista. En esta misma línea se ha expresado Ricardo varias veces en este blog, en particular en su anterior comentario en esta entrada.

      >> Entiendo que el progreso de la ciencia se debe al sometimiento y estudio de las leyes de la materia, una paradoja que obliga al sujeto libre a someterse a la realidad que explora.

      Ciertamente, pero aquí se habla de «sometimiento» en un sentido distinto; de hecho, es el sometimiento del sujeto libre, que si está empeñado en conocer verdaderamente la realidad, deberá someterse a ella. Pero esto es algo que no ocurre de modo necesario, automático (y de ahí precisamente la posiblidad de error en el conocimiento).

      Solo puede estar obligado a hacer algo quien puede hacer o dejar de hacer. Cuando digo que la piedra está sometida a la ley de la gravedad no lo digo en el mismo sentido en que digo que mi cuaderno de ejercicios de matemáticas está sometido a las leyes de la aritmética. Yo me puedo equivocar, aunque no debo. La piedra no puede equivocarse, y no tiene propiamente ninguna obligación de someterse a la ley. Es más, la piedra no «se» somete, porque no se gobierna a sí misma.

      >> Si por leyes de la materia se entiende un espacio 3+1 dimensional sujeto a la gravedad y el electromagnetismo ¿en qué dimensión habita el sujeto libre no condicionado por el espacio 4D gravitacional y electromagnético?

      Si el universo es solo lo que describen las leyes físicas, entonces no hay sitio para la libertad; el sujeto libre no habita en ningún lugar, porque el sujeto libre no existe. El error está en pensar que el universo es exactamente lo mismo que describen las leyes físicas que hemos formulado nosotros intentando comprenderlo. No es cuestión de añadir dimensiones físicas para hacer un pequeño sitio a la libertad.

      >> Esta objeción al empirismo me parece problemática porque obliga al empirista a una especie de conversión religiosa enmascarada en la noción de sujeto libre.

      Estoy conforme con lo primero: mi argumento obliga al empirista a una conversión. Pero no estoy de acuerdo con lo segundo: no es una conversión «religiosa», porque la superación del mecanicismo no implica necesariamente la conversión a Dios.

      Asumo sin disimulo el sujeto libre, y también afirmo claramente en el artículo que aceptar el sujeto libre no necesariamente desemboca en la aceptación de Dios. Así que la acusación de enmascaramiento es injusta. Cito:

      La refutación del mecanicismo no es realmente un argumento en favor de la existencia de Dios (o de la realidad de Dios, como prefería decir Peirce [Barrena 1996]), sino tan solo un argumento contra el obstáculo cultural más común que parece oponerse hoy día al reconocimiento de Dios, a saber, la alianza materialismo-naturalismo-cientificismo. No obstante, en mi opinión, una vez superado este obstáculo, que intelectualmente es bastante endeble a pesar de estar tan extendido, queda aún mucho camino –y nada fácil de recorrer– hasta alcanzar el conocimiento cierto de la existencia/realidad de Dios. Especialmente de un dios personal (que es el único que merece ser llamado Dios). Es decir, si el materialismo es intelectualmente muy endeble, no me parece que ocurra lo mismo con diversas formas posibles de ateísmo no materialista, donde se admite la realidad del espíritu humano encarnado –inteligente y libre–, sin admitir la realidad de un dios espíritu puro.

      >> Se han obtenido grandes logros tecnológicos siguiendo la vía empírica…

      Conforme.

      >> …sin necesidad de bilocar al investigador en una realidad tangencial a la habitual.

      Disconforme, de hecho esta es la tesis central del artículo: no puede haber racionalidad -ciencia, tecnología- en un mundo que sea exactamente tal como lo pinta la cosmovisión mecanicista.

      >> Otro problema que se presenta es que se clausura la posibilidad de que las máquinas computacionales adquieran conciencia, es decir, inteligencia y sensibilidad humanas.

      ¿Cuál es el problema? Me alegra mucho que entiendas que esto es una conclusión de mi argumento, porque es justamente uno de mis objetivos, con el que de hecho inauguré el blog.

      >> En efecto, ¿de qué manera puede decirse que una computadora es un sujeto libre no sometido a las leyes de la materia?

      De ninguna. Y feliz de que sea así. La computadora está sometida a las leyes de la materia, y aún más a las leyes de su diseñador, que domestica la materia allí donde la materia se rebela: Las máquinas, por diseño, no son libres ni conscientes: porque están diseñadas para satisfacer un objetivo impuesto a ellas desde fuera.

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      • Solo dos apuntes en vuestra interesante conversación.

        Los calvinistas no creen en el libre albedrío, todo está predeterminado, y son creyentes. El mecanicismo, y su antítesis, son compatibles con la idea de Dios. De hecho es la metáfora del relojero.
        En esa línea un filósofo ateo como Nigel Thomas expresa magníficamente sus tesis contra el mecanicismo de los neodarwinistas en La Mente y el Cosmos.
        La ciencia avanza y progresa, pero como casi todo, ese avance no es absoluto, es siempre relativo al interés, a la utilidad de las sociedades. En este caso haríamos bien en entender la diferencia entre Poder y Verdad, que no son sinónimos pero a veces confundimos, como bien expresaba Ernesto Sabato en ese genial ensayo que es Hombres y Engranajes y el cual os recomiendo par entender al hombre modernomoderno y el fondo de este blog.

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      • Efectivamente, Ricardo, incluso entre los cristianos también ha habido quienes negaban el libre albedrío.

        El mismo Descartes era católico y mecanicista, y no solo él, también Malebranche, que además era sacerdote; pero en este caso sí creían en el libre albedrío, solo que justamente no sabían cómo conjugarlo con el determinismo de la materia, dando origen a la fractura moderna entre lo material y lo espiritual.

        >> El mecanicismo, y su antítesis, son compatibles con la idea de Dios.

        Yo diría que son compatibles con ideas muy diferentes de Dios, tan diferentes que a su vez son incompatibles entre sí. Pero esto es otra historia.

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