Acerca de la intencionalidad de las acciones

Descripción física y descripción intencional

La clave del juicio moral está en la intencionalidad: las acciones humanas deben ser juzgadas de acuerdo con la intención o propósito de la acción misma, que puede describirse como “lo que el agente se propone al realizar esta acción en particular” (por ejemplo, “escribir spyware”, código espía: lo que quiere hacer), y que debe distinguirse cuidadosamente de otros fines que el agente pueda proponerse al realizarla (por ejemplo, “ganar dinero por medio del spyware”: lo que quiere conseguir).

De hecho, la intención es lo que mejor describe cualquier acción humana. Las consecuencias directas y predecibles están estrechamente relacionadas con la intención del agente, en contraste con las consecuencias indirectas e impredecibles, por eso su análisis es un medio conveniente para determinar la intención de la acción.

Los actos propiamente humanos no se pueden describir de modo puramente físico. Desde el punto de vista de la descripción física, es imposible distinguir el uso de un bisturí para cometer un asesinato o para realizar una operación quirúrgica: físicamente, lo que ocurre es que el bisturí corta la piel y la carne… Para juzgar la moralidad de los actos humanos no basta saber “lo que ocurre” (descripción física), es imprescindible saber “lo que quiero hacer” (descripción intencional primaria) y “lo que quiero conseguir” (descripción intencional secundaria).

Intención primaria e intención secundaria

La diferencia entre descripción física y descripción intencional primaria es justamente lo que debe dilucidar un jurado cuando se le presentan las pruebas: esto es lo que ocurrió, ¿qué piensan ustedes que quiso hacer el acusado? La descripción física puede dar pistas sobre la intención, pero no es suficiente. La cualificación moral del acto se refiere siempre a la descripción intencional, a la voluntariedad del acto.

La diferencia entre intención primaria e intención secundaria también es importante. El dicho “el fin no justifica los medios” quiere decir que una intención secundaria buena (lo que quiero conseguir: construir un hospital) no puede justificar una intención primaria mala (lo que quiero hacer: robar un banco). Dicho de otra manera, querer unas buenas consecuencias (intención secundaria) no justifica querer realizar un acto malo (intención primaria) para lograrlas. Las consecuencias directas de un acto son su intención primaria, las consecuencias indirectas queridas serían la intención secundaria, y además puede haber otras consecuencias indirectas no queridas, es decir, no intencionadas.

Antiguamente se hablaba de objeto, fin y circunstancias de una acción, pero esta terminología puede prestarse a confusión. En la época medieval “objeto” no significaba “cosa”, como hoy día, sino más bien “objetivo”, como cuando decimos que “el objeto de esta campaña publicitaria es tal y tal”. Así pues, en esta terminología, objeto es la intención primaria, y fin es la intención secundaria. Ambos son intenciones del agente. No debe pensarse que el objeto de una acción es la cosa utilizada para realizarla. Las cosas no son buenas ni malas de por sí. Las que son buenas o malas son las acciones, es decir, las intenciones.

REFERENCIAS

Elisabeth Anscombe. Intention. Basil Blackwell, 1958.

Robert Spaemann. Moralische Grundbegriffe. München, 1982. (Ética: cuestiones fundamentales. Eunsa, 1998.)

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