¿Está reñida la ética con el éxito?

¿Está reñida la ética con el éxito profesional, o por el contrario lo favorece? Ante todo, quiero advertir que no es mi intención plantear esta cuestión como si fuera una disyuntiva exclusiva, como si hubiera que elegir entre el éxito empresarial y el comportamiento ético, sin posibilidad de tener ambos. Lo que planteo es que puede haber una tensión: no necesariamente una disyuntiva exclusiva, pero sí una tensión.

A menudo la ética es concebida como un conjunto de (molestas) obligaciones y prohibiciones que estorban en la carrera hacia el éxito: “si quieres tener éxito, no tengas escrúpulos”. Tal vez conocemos personas que han sufrido graves reveses profesionales que podrían haber evitado con un comportamiento poco ético. También es cierto que muchos otros predican que el comportamiento ético es la mejor estrategia para lograr un éxito estable: “hacer el bien a la larga compensa”.

En favor de la primera postura (no tener escrúpulos) podríamos decir: si alguien concentra su voluntad en lo que conduce directamente al éxito profesional, y no malgasta energías en consideraciones éticas (que a veces pueden requerir una solución más costosa a un determinado problema), entonces la misma concentración de esfuerzos asegurará mejor que nada la consecución del éxito. A esto se debe responder que el éxito depende tanto o más de factores externos, no controlables ni previsibles, como del esfuerzo que uno ponga. No hay fórmulas infalibles para conseguir el éxito. Si las hubiera…

En favor de la segunda postura, en cambio, puede pensarse que, si todo el mundo tiene un comportamiento ético, todo el mundo sale beneficiado, y así a la larga es mejor para todos. Esta intuición ha sido expresada desde antiguo en máximas tales como la Regla de Oro: “trata a los demás igual que quieres ser tratado”. La primera formulación del imperativo categórico kantiano también expresa una idea cercana: “obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal». Más modernamente, la correlación entre ética y éxito se ha tratado de justificar desde la Teoría de Juegos. No obstante, reducirlo todo a teoría de juegos sería como decir que la maldad no es más que una forma menos evidente de estupidez.

Por otra parte, la Teoría de Juegos está muy bien para intentar convencer a los demás de la necesidad de ser honestos, pero no es suficiente para convencerme a mí. A todo el mundo le conviene que la sociedad sea justa en términos generales, pero eso no implica que uno mismo en particular tenga que serlo. Ni siquiera el corrupto quiere vivir en un mundo absolutamente corrupto, porque es mucho más fácil prosperar abusando de los “buenos” que luchando contra otros “malos”. El mejor mundo posible para el corrupto es aquel donde la inmensa mayoría no está corrompida.

Así pues, no puede decirse que haya correlación positiva o negativa entre comportamiento ético y éxito profesional. Por tanto, sería un error denostar la vida virtuosa porque no conduce al éxito, o exaltarla porque lo garantiza. Si el valor de la ética no se percibe en sí mismo, es imposible deducirlo a partir de sus “ventajas” o “inconvenientes”. El verdadero imperativo moral no puede ser condicionado, sino categórico.

Es decir, la ética no puede reducirse a teoría de juegos sin perderse por el camino. Lo específico de la ética no es la elección de los medios que son eficaces para conseguir un determinado fin, como el dependiente que sonríe para vender más, sino la valoración de los fines mismos. Más que un código de conducta, es una forma de valorar la vida. La ética introduce una nueva escala de valores en el mundo, una escala de valores donde el éxito, sin dejar de ser apetecible, ya no es lo más apetecible. Ante una determinada situación en la que el respeto a los valores éticos se presente como un obstáculo a la eficacia, el buen profesional (el profesional virtuoso) tratará de encontrar una solución ética y eficaz a la vez. Y, si no lo consigue, quedará tranquilo sabiendo que la eficacia no lo es todo, que lo más apetecible es una vida plena donde la fama tiene menor importancia que el honor, donde la dignidad es más importante que la supervivencia.

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2 comentarios en “¿Está reñida la ética con el éxito?

  1. La frase final («la fama tiene menor importancia que el honor») me ha recordado la novela de ciencia-ficción de Lois MacMaster Bujold (A civil campaign) donde un padre le dice a su hijo:
    «Reputation is what other people know about you. Honor is what you know about yourself… Guard your honor. Let your reputation fall where it will. And outlive the bastards.»

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