Abducción: el origen de las hipótesis científicas

Esta entrada fue publicada originalmente Naukas, y es la tercera de una serie de cuatro sobre el método científico:

  1. Una breve historia del método científico: inducción y deducción
  2. Regularidad y causalidad: ¿en qué quedamos?
  3. Abducción: el origen de las hipótesis científicas
  4. La inducción y sus demonios

En el anterior artículo escribí sobre los modelos matemáticos y la búsqueda de relaciones de causalidad a partir de las regularidades observadas en los fenómenos del universo. Pero la búsqueda científica de relaciones causa-efecto, o al menos de verdaderas correlaciones, comienza con la formulación de hipótesis. Una hipótesis científica es un hecho o teoría que, si fuera verdadero, explicaría el fenómeno observado. Según el método hipotético-deductivo, la hipótesis debe ser confirmada o refutada por los experimentos. De hecho, los experimentos específicamente diseñados para refutar una hipótesis dada tienen un gran valor en la ciencia: si tienen éxito en su refutación, entonces la hipótesis es descartada; si fallan, entonces proporcionan una confirmación de la hipótesis. Ahora bien, ¿de dónde vienen las hipótesis? ¿Hay alguna lógica en su origen?


No estamos hablando de
este tipo de abducciones Winking Face with Tongue on Apple iOS 13.3

Explicación y regularización

La respuesta habitual, obviamente demasiado simple, es que las hipótesis científicas son fruto del proceso de inducción. Pero si la inducción es el proceso mental de formular reglas generales sobre la base de casos particulares, entonces la inducción no puede proporcionar una explicación causal que vaya más allá de la pura generalización. La causa no es simplemente una generalización de los efectos. Por tanto, inferir la causa a partir de los efectos no puede ser el resultado de la inducción, sino de otro proceso mental diferente.

A partir del hecho de que el gallo cantó hoy al amanecer, y también ayer, y anteayer… la inducción (o generalización) puede concluir que “el gallo canta todos los días al amanecer”, pero esto no es de ninguna manera una explicación causal. De hecho, no es una explicación en absoluto, es una mera “regularización”: hacer que las ocurrencias individuales sean instancias de una regla general. La inducción sirve para hacer predicciones. Pero explicar, lo que se dice explicar, no explica nada. La explicación de que “el gallo canta porque lo despierta la creciente intensidad de luz producida por la salida del sol” es un tipo muy diferente de inferencia, que va mucho más allá de la mera generalización de los fenómenos observados. Es una explicación que relaciona causalmente dos tipos diferentes de sucesos. Así lo explica Charles S. Peirce, el gran filósofo norteamericano [1]:

Mediante la inducción, concluimos que hechos similares a los hechos observados son verdaderos en casos no examinados. Mediante la hipótesis, concluimos la existencia de un hecho muy diferente de todo lo observado, del cual, según las leyes conocidas, resultaría necesariamente algo observado. El primero es un razonamiento de los particulares a la ley general; el segundo, del efecto a la causa. El primero clasifica, el segundo explica.

La filosofía occidental, enraizada en la lógica aristotélica, ha considerado tradicionalmente que hay dos modos básicos de razonamiento: la deducción es un tipo de argumento en el que la conclusión se deriva necesariamente de las premisas; la inducción, en cambio, extrae conclusiones generales pero no necesarias a partir de una colección finita de observaciones específicas. No obstante, lo cierto es que Aristóteles reconoce en su Organon un tercer tipo de argumento que denomina “razonamiento hacia atrás”, diferente de la inducción y, por supuesto, de la deducción. Inducción y razonamiento hacia atrás fueron confundidos a lo largo de los siglos hasta que Peirce recuperó la distinción para la lógica moderna. Peirce denominó al razonamiento hacia atrás abducción o retroducción: es el proceso lógico mediante el cual se engendran las nuevas ideas, las hipótesis explicativas y las teorías científicas.


Charles S. Peirce (1839-1914)

Explicaciones verosímiles pero falibles

Las principales corrientes de la moderna filosofía de la ciencia, siguiendo a Karl R. Popper, han ignorado el problema lógico del origen de las hipótesis. Según esta forma de pensar, el método científico comienza una vez que tenemos una hipótesis a mano para ser comprobada por los experimentos, pero el origen mismo de las nuevas ideas no es una cuestión que pueda ser explicada en términos lógicos [2]. El acto de concebir o inventar una nueva teoría es una especie de conjetura ciega, fruto de la casualidad o de la intuición. Desde este punto de vista, el descubrimiento de nuevas ideas sólo puede estudiarse desde una perspectiva histórica, psicológica o sociológica, pero no es importante para la descripción racional del conocimiento científico. Las nuevas ideas están ahí, y eso es todo lo que importa.


Karl R. Popper (1902-1994)

Por el contrario, según Peirce, el razonamiento abductivo proporciona una explicación probable (likely, verosímil) de los hechos que requieren ser esclarecidos. Así pues es una operación lógica de la mente, no una mera conjetura ciega. Por supuesto, la abducción (al igual que la inducción) no es un tipo de argumento que produzca conclusiones necesarias: es falible, incluso extremadamente falible (por eso es equivocado caracterizar la abducción como “inferencia hacia la mejor explicación”, porque de ninguna manera garantiza que sea “la mejor”).


Advertencia: no se debe confundir falibilidad (la inferencia puede fallar) con falsabilidad (se puede demostrar experimentalmente que la inferencia es falsa). De esta última hablaré en el próximo artículo.


Norwood Russell Hanson, un estudioso de Peirce, ilustra la simultánea razonabilidad y falibilidad de la abducción con un ejemplo histórico bien conocido. Es el caso de Urbain Le Verrier, que en 1846 anunció que las anomalías en la órbita del planeta Urano serían explicadas suponiendo la existencia de un nuevo planeta, del que predijo su posición. Fue una inferencia abductiva que demostró ser correcta, porque Johann Gottfried Galle encontró este planeta pocas semanas después en el lugar predicho. El descubrimiento del planeta, que finalmente fue bautizado Neptuno, fue un momento sensacional para la ciencia del siglo XIX.

Animado por este descubrimiento, Le Verrier intentó explicar las aberraciones en el perihelio de Mercurio, en las que llevaba varios años trabajando, postulando la existencia de un planeta interior, Vulcano. Le Verrier razonaba por analogía: si Neptuno explica las anomalías en la órbita de Urano, entonces Vulcano podría explicar las de Mercurio. Ésta es una buena razón para proponer la hipótesis y tratar de confirmarla, pero no sería suficiente para aceptarla. Lo que sabemos hoy día es que Vulcano no existe pero, incluso sabiendo esto, se comprende que la hipótesis de Le Verrier era bien razonable. Es decir, en este segundo caso Le Verrier se equivocó en su inferencia abductiva, porque las inferencias abductivas no tienen la garantía de ser correctas, pero procedió de acuerdo con la lógica al razonar abductivamente [3].


No,
el planeta de Spock no está cerca de nuestro Sol

Esto significa que la abducción no es una intuición directa de las leyes de la naturaleza (como le gustaría al racionalismo de corte cartesiano); es falible, pero racional. En su búsqueda de una hipótesis explicativa, la abducción es deliberada y crítica, es decir, tiene las características del pensamiento racional. Peirce entiende la lógica como “teoría del razonamiento humano”, más amplia que la pura lógica formal. Así pues, Peirce considera que la lógica tiene que estudiar no sólo los argumentos formalizables (las deducciones necesarias), sino también otros argumentos que son igualmente esenciales para la razón humana y el progreso en el conocimiento (es decir, las inducciones y abducciones falibles).

Las famosas judías de Peirce

Esta explicación de Peirce [1] siempre me pareció fascinante. Imaginemos que entramos en una habitación en la que sobre una mesa hay varios sacos con judías (o fríjoles, como se llaman en algunos países).


Sobre una mesa hay varios sacos con judías…

Nos acercamos a un saco sabiendo que contiene solamente judías blancas. Extraemos un puñado y, antes de mirarlo, podemos afirmar con toda seguridad que todas las judías del puñado serán blancas. Esquemáticamente:

(1) Todas las judías de este saco son blancas.
(2) Estas judías estaban en este saco
Luego, (3) Estas judías son blancas.

Esto ha sido una deducción necesaria: la conclusión es verdadera con total certeza. Imaginemos ahora que, sin saber cómo son las judías que hay en el saco, extraemos un puñado y observamos que todas son blancas. Espontáneamente inferimos que todas las judías del saco serán blancas, aunque la inferencia no tiene carácter necesario. Esquemáticamente:

(2) Estas judías estaban en este saco
(3) Estas judías son blancas.
Luego, (1) Todas las judías de este saco son blancas.

Este razonamiento es una inducción, es decir, una generalización de una característica del puñado de judías que hemos extraído a todas las judías del saco. Supongamos ahora una nueva situación, en la que, entrando en la habitación, encontramos varios sacos con judías y un puñado de ellas, todas blancas, sobre la mesa. Después de examinar los sacos encontramos que uno de ellos contiene solamente judías blancas. Entonces inferimos, de nuevo espontáneamente, que el puñado de judías proviene de este saco. Esquemáticamente:

(1) Todas las judías de este saco son blancas.
(3) Estas judías son blancas.
Luego, (2) Estas judías estaban en este saco

Este razonamiento “hacia atrás” es una abducción –hipótesis, suposición, conjetura (guess)–, es decir, la inferencia de la causa (provienen de este saco) a partir del efecto (son blancas). Como en el caso de la inducción, la inferencia hipotética no tiene carácter necesario sino meramente probable.

Los tres modos de inferencia en la investigación científica

Estos tres distintos tipos de razonamiento se integran en la descripción peirceana del método científico: la abducción inventa o propone una hipótesis explicativa de los hechos observados; a partir de la hipótesis, la deducción predice las consecuencias experimentables que se deberían observar; finalmente, la inducción verifica (o no) la hipótesis por medio de la experimentación, es decir, la observación de casos particulares que se ajustan a la ley general hipotética y así la confirman.

En este sentido, la inducción no proporciona nuevas ideas, simplemente corrobora o refuta la conjetura abductiva. La generación de nuevas ideas por vía de hipótesis o conjetura corresponde exclusivamente a la abducción. Incluso la generalización inductiva requiere algún tipo de abducción previa, tal vez inconsciente: cuando el científico se concentra en un determinado conjunto de hechos en busca de una ley general, ya ha realizado algún tipo de conjetura acerca del tipo de fenómeno que es susceptible de generalización.

Al tratar de formular las leyes del movimiento, Galileo y Newton descartaron de entrada cualidades tales como el color, el olor o la procedencia de los cuerpos en movimiento: en una forma no completamente especificada, sólo consideraron relevante la masa, lo cual es ya un tipo de abducción. Tal vez podrían haber considerado abductivamente también la composición material de los cuerpos (madera, plomo, piedra, etc.), para posteriormente descartarla por inducción a partir de los experimentos.

[Añadido 05/10/2020: Cuando digo que Galileo y Newton descartaron (…) la procedencia de los cuerpos en movimiento, no me refiero a la “dirección de procediencia”, o su actual estado de movimiento. Me refiero a que descartaron si la bola de plomo que iba a ser disparada era veneciana o francesa, si había estado almacenada en la bodega o en la cubierta, si había sido comprada legítimamente o robada con violencia. Gracias a Trenchtown por el comentario donde señala el posible malentendido.]

La enumeración de fenómenos desvela el papel crucial de la abducción como paso preparatorio para la inducción. ¿Qué es lo que se enumera? ¿Por qué esta enumeración y no otra? Para enumerar algo es preciso saber ya de alguna manera qué es aquello que se quiere enumerar. Para enumerar casos particulares es necesario conocer previamente, aunque sea de forma vaga y sin matices, el concepto general que debería obtenerse por inducción a partir de esos casos particulares. Y esto es precisamente lo que hace la abducción: proporcionar por vía de hipótesis o conjetura la pista hacia el concepto general que debe seguir el científico para identificar los datos singulares y enumerarlos. La inducción por enumeración no es suficiente para explicar la formación de conceptos generales, ya que la enumeración de los fenómenos relevantes requiere una abducción previa para decidir cuáles son los fenómenos relevantes.

Referencias

[1] Peirce, C.S. (1877). “Deduction, Induction, Hypothesis”, The Collected Papers of Charles Sanders Peirce, CP 2.619-644. Harvard University Press, Cambridge (Massachusetts). Ver también: “On the Logic of Drawing History from Ancient Documents Especially from Testimonies” (1901), CP 7.164-255. Peirce escribió muchísimas páginas sobre la abducción/retroducción. Estos son dos de los artículos clave para comprender su pensamiento.

[2] Popper, K.R. (1934). The Logic of Scientific Discovery. Hutchinson, London, 1959. Logik der Forschung. Zur Erkenntnistheorie der Modernen Naturwissenschaft. Julius Springer, Vienna, 1934. Ver también: Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge. Routledge, London, 1963.

[3] Hanson, N. R. (1961). “Is There a Logic of Scientific Discovery?” En H. Feigl y G. Maxwell (eds.), Current Issues in the Philosophy of Science. Holt, Rinehart and Winston, Nueva York, pp. 21 42.

Escribí mi Tesis de Licenciatura en Filosofía (1996) sobre la abducción en Peirce. El texto está disponible en línea para el lector interesado: Charles S. Peirce: La lógica del descubrimiento. La página de Wikipedia en español sobre el razonamiento abductivo cita mi trabajo (¡y no he sido yo!). También puede verse la página de desambiguación sobre los diversos sentidos del término abducción.

Créditos de las imágenes

https://es.wikipedia.org/wiki/Abducción_(ufología)
https://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Sanders_Peirce
https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Popper
https://news.culturacolectiva.com/ciencia/descubren-vulcano-planeta-del-senor-spock-de-star- trek/
https://pixabay.com/es/photos/asia-bolsa-brown-comprar-color-2752/

14 pensamientos en “Abducción: el origen de las hipótesis científicas

  1. De acuerdo. En ciencia se utilizan los tres métodos (abducción para formulación de hipótesis, deducción para hacer predicciones acertadas sorprendentes, e inducción para comprobarlas). Pero en historia es imposible comprobar las predicciones, porque no se puede experimentar. Por eso la abducción desempeña un papel mucho más importante.

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    • Así es. En las ciencias históricas (“ciencias”, en el sentido de “saberes”), al igual que en otras ciencias interpretativas (como la lingüística, y muchas otras ciencias humanas), la abducción adquiere un papel crucial. La abducción proporciona en este caso la explicación de los hechos históricos, que a menudo no es otro hecho, sino una intención de uno o varios sujetos. “¿Por qué Napoleón quiso invadir Rusia?”

      En cierto modo, de forma diferente a las ciencias experimentales, en historia también se pueden hacer predicciones y comprobaciones. “Si es cierto que pasó por aquí, debió dejar algún rastro, algún testimonio (hipótesis).” Y cuando se comprueba esta hipótesis, el enunciado primero queda confirmado.

      El título del manuscrito de Peirce que he citado en la bibliografía (y que tiene mucha importancia en su teoría de la abducción) es realmente curioso: “On the Logic of Drawing History from Ancient Documents Especially from Testimonies”.

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    • Y por cierto, en Ingeniería Informática (y se puede decir de todas las ingenierías) la abducción también tiene un papel esencial en lo que se conoce como “ingeniería inversa” y en la ingeniería de requisitos. Hace años escribí con otros dos autores (mi director de tesina en filosofía y mi director de tesis en informática) un paper sobre este asunto: Los casos de uso: un método abductivo aplicado a la ingeniería de requisitos. En José María Cavero, Belén Vela y Esperanza Marcos (eds.), Aspectos Filosóficos, Psicológicos y Metodológicos de la Informática, 265-274. Servicio de Publicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos, Editorial Dykinson, 2005.

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  2. “Según esta forma de pensar, el método científico comienza una vez que tenemos una hipótesis a mano para ser comprobada por los experimentos, pero el origen mismo de las nuevas ideas no es una cuestión que pueda ser explicada en términos lógicos. El acto de concebir o inventar una nueva teoría es una especie de conjetura ciega, fruto de la casualidad o de la intuición”.

    El párrafo anterior pone de relieve que el origen de las nuevas ideas científicas puede ser no racional o incluso irracional. Por ejemplo ¿qué significa conjetura ciega? La mecánica cuántica ofrece algunos ejemplos que parecen irracionales por ilógicos, y además provoca debates enconados sobre cuestiones no racionales por ser ilógicas.

    Descartes pensaba que la intuición no es el testimonio de los sentidos ni el juicio falible de la imaginación sino la concepción que nace o tiene su origen en las solas luces de la razón. Identificaba la intuición con la luz natural. Siguiendo al profesor Génova colegimos que la conjetura ciega habría que explicarla no solo a la luz de la razón, sino también en función de la oscuridad ciega, ilógica e irracional del pensamiento. Es decir, tan plausible parecería la luz natural como la oscuridad natural.

    Aquí nos encontramos con una antinomia que se bifurca a una descripción ambivalente del entendimiento. Por un lado es lógico/racional y por otro lado es ilógico/irracional.

    “Al tratar de formular las leyes del movimiento, Galileo y Newton descartaron de entrada cualidades tales como el color, el olor o la procedencia de los cuerpos en movimiento: en una forma no completamente especificada, sólo consideraron relevante la masa, lo cual es ya un tipo de abducción”.

    Discrepo en lo que se refiere a la procedencia de los cuerpos en movimiento. Al menos Newton consideraba el espacio y el tiempo absolutos para distinguirlos del tiempo y el espacio relativos. En la perspectiva newtoniana el principio de inercia no podía basarse en el reposo absoluto sino en el reposo relativo. Un objeto cualquiera, digamos una piedra, situada en reposo en la superficie terrestre se mueve con la rotación del planeta aunque la piedra se halle en reposo relativo respecto de la superficie terrestre.

    Es correcto argumentar que Newton no definió la procedencia de los cuerpos en movimiento de un modo absoluto pero sí percibió que los cuerpos tienen inercia, lo que permite estudiar sus propiedades y acciones relativas. Newton siguió a Descartes para formular su primera ley del movimiento. El autor francés definió la inercia del siguiente modo:

    Toda parte de la materia, individualmente, continúa siempre existiendo en un mismo estado, mientras el encuentro con las otras no la obligue a cambiarlo… si se ha detenido en algún lugar no saldrá jamás de él si las otras [partes] no la desplazan; y si ha comenzado a moverse, continuará haciéndolo con la misma fuerza hasta que las otras la detengan o la retrasen.

    Resulta curioso que en Descartes la fuerza aparece como un efecto consecutivo del choque de un objeto con otro. Mientras que en Newton la fuerza tiene rango de agente determinante, para que pueda medirse el encuentro de dos cuerpos ha de establecerse que el cuerpo que choca con otro posee una fuerza. En resumen, entiendo que Newton y Descartes describieron la procedencia de los cuerpos en movimiento.

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    • >> El párrafo anterior pone de relieve que el origen de las nuevas ideas científicas puede ser no racional o incluso irracional.

      No estoy de acuerdo, y desde luego no era esa mi intención. Lo que yo digo es que “según esta forma de pensar”, es decir, la forma de pensar de “las principales corrientes de la moderna filosofía de la ciencia”, el origen de las hipótesis es inexplicable, son “conjeturas ciegas”. No estoy diciendo que sea así, sino solo que es así como piensan muchos.

      Todo el objetivo del artículo es precisamente criticar esta forma de pensar, cuya conclusión (¿o presupuesto?) no acepto sin más. En esto sigo a Peirce, más lúcido en este punto que muchos otros.

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    • >> Discrepo en lo que se refiere a la procedencia de los cuerpos en movimiento.

      Posiblemente aquí no me he explicado bien. Cuando digo que “Galileo y Newton descartaron (…) la procedencia de los cuerpos en movimiento”, no me refiero a la “dirección de procediencia”, o su actual estado de movimiento. Me refiero a que descartaron si la bola de plomo que iba a ser disparada era veneciana o francesa, si había estado almacenada en la bodega o en la cubierta, si había sido comprada legítimamente o robada con violencia. He puesto una llamada en el texto a esta nota para corregir el posible malentendido.

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  3. “Al tratar de formular las leyes del movimiento, Galileo y Newton descartaron de entrada cualidades tales como el color, el olor o la procedencia de los cuerpos en movimiento: en una forma no completamente especificada, sólo consideraron relevante la masa, lo cual es ya un tipo de abducción”.

    Me parece que estamos asistiendo a la desmasificación de la materia. La transformación de la materia hacia un ente donde la masa clásica de corte newtoniano deviene obsoleta y redundante abre un panorama novedoso en la teoría y el experimento físico. Aunque parezca insólito, la deconstrucción de la masa no supone la desaparición del color, el sabor, el encanto y la belleza que son conceptos rescatados por el modelo de quarks. La volatilización de la masa clásica obliga a construir un relato basado en eventos efímeros que aparecen y desaparecen a velocidad de vértigo.

    El investigador actual surfea una ola indeterminista que tiene sus raíces en la modificación del paradigma newtoniano por Einstein, la irrupción de la mecánica cuántica y sus sutilezas y el advenimiento del modelo de quarks. ¿Qué cabe abducir del nuevo escenario? La inmensa mayoría de las partículas tienen masa con alguna excepción como el fotón. Estrellas, planetas, árboles, piedras, sillas y mesas tienen masa, el mundo cotidiano no puede prescindir de la masa clásica.

    Debido a las colisiones de las partículas a energía elevada se han obtenido partículas efímeras como el top quark. Este objeto es el más masivo de los quarks descubiertos hasta la fecha, en reposo tiene una masa de 174 GeV y además posee extrañeza, encanto y carga fraccionaria. Sin embargo, aparece y desaparece (decae) en menos de un yoctosegundo, que es una unidad de tiempo equivalente a la cuatrimillonésima parte de un segundo. Un visto y no visto por decirlo de un modo prosaico. El perplejo espectador de este escenario se preguntará de qué modo obtiene el investigador una descripción clásica o macroscópica del quark top.

    Esto remite a la siguiente cuestión. ¿Si el objetivo aparente de la física de partículas de alta energía se dirige a la eterización de la materia por qué el empeño de llenar el protón de quarks y gluones? ¿No será mejor soltar lastre y dejar al protón al albur de su indivisibilidad? La prolija fenomenología del modelo de quarks podría resolverse acudiendo a la mutabilidad de las partículas, esto permitiría explicar la familia de quarks como nuevas partículas destinadas a aumentar el zoo de partículas. Así, el quark se libera de su condición de partícula mítica y cuasi virtual por efímera y en consecuencia el observador macroscópico obtiene una descripción plausible de la materia.

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    • Trenchtown,

      >> Me parece que estamos asistiendo a la desmasificación de la materia.

      Me parece que hablamos lenguajes muy distintos, y hay bastantes cosas que dices que no soy capaz de entender.

      >> Aunque parezca insólito, la deconstrucción de la masa no supone la desaparición del color, el sabor, el encanto y la belleza que son conceptos rescatados por el modelo de quarks.

      Supongo que sabes que hablar de color, sabor, encanto y belleza de los quarks es un recurso para nombrar con términos que resulten familiares (y graciosillos) propiedades físicas diferentes de las clásicas masa, carga eléctrica, etc. De ninguna manera significa que los quarks tengan color, sabor, encanto y belleza. Se rescatan los términos, pero no los conceptos.

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  4. Génova, me refiero a la deconstrucción de la masa clásica o newtoniana. Se enfatiza que la masa clásica es irrelevante en la teoría cuántica de campos o en cualquier otra teoría contrastada no clásica o en el límite newtoniano. En la mecánica clásica no tiene sentido hablar del encanto, belleza, color y sabor de las partículas.

    Dos bolas de billar que chocan despliegan una serie de acciones con independencia del color o el encanto de las bolas en cuestión. Esto quiere decir que la mecánica clásica se convierte en un caso particular de determinadas teorías cuánticas o de teorías no cuánticas que no son newtonianas.

    En consecuencia, la deconstrucción o vaciado de la mecánica clásica y su masa newtoniana aparece como un movimiento destinado a sustituir un modelo por otro. Yo particularmente no estoy en contra del vaciado de la masa clásica pero el modelo de quarks no me parece el más acertado como sustituto.

    Por tanto, la masa clásica es relevante en el marco habitual 3+1 dimensional percibido y descrito por el observador macroscópico. La transición del observador clásico al observador cuántico no la veo a corto plazo. Y, desde luego, me parece insensato tirar del modelo de quarks para conseguir la transición.

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  5. Para los interesados en estudiar las sutilezas y propiedades de la masa recomiendo el libro de Jesús Mosterín, “Conceptos y teorías en la ciencia”, editado por Alianza y que conoce al menos tres ediciones.

    Mosterín apunta un dato interesante, escribe que la masa es la única magnitud básica del SI cuya unidad (el kilogramo) no se basa en un proceso de la naturaleza, sino en un objeto artificial convencional: el kilogramo patrón. Aquí surge la siguiente pregunta, ¿si el kilo patrón se basa en una convención artificial por qué fiarnos de las propiedades de los objetos macroscópicos?

    Una respuesta la hallamos en el principio de inercia. Una bola de billar que pesa 160 gramos no puede retrocederse a sí misma, es decir, si el lunes pesa 160 gramos el jueves pesará lo mismo. El principio de inercia garantiza la continuidad en el tiempo y el espacio de la masa de la bola.

    La cosa cambia en la física relativista donde “la masa de un objeto ya no es invariante respecto a su velocidad sino que depende esencialmente de ella” (J. Mosterín, 1984).

    En resumen, la desmasificación de la materia es un evento novedoso respecto de la mecánica clásica que abre tantas incógnitas como certezas y que conviene estudiar con escepticismo saludable.
    .

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    • >> la masa es la única magnitud básica del SI cuya unidad (el kilogramo) no se basa en un proceso de la naturaleza, sino en un objeto artificial convencional: el kilogramo patrón. Aquí surge la siguiente pregunta, ¿si el kilo patrón se basa en una convención artificial por qué fiarnos de las propiedades de los objetos macroscópicos?

      No entiendo este argumento, la verdad. No es correcto decir que la masa sea una magnitud que no se basa en un proceso de la naturaleza. Ya sea la inercia/gravedad en la mecánica clásica, ya sea la curvatura del espacio-tiempo, ambas son procesos de la naturaleza.

      No confundamos la magnitud con la medida de la magnitud. El kilogramo patrón es convencional, pero no más convencional que el metro patrón o el segundo patrón. Los tres se definen clásicamente a partir de entidades naturales. El metro a partir del meridiano terrestre (1/40.000), el segundo a partir de la duración del día solar (1/86.400), y el kilogramo es la masa de un decímetro cúbico de agua a 4 °C. Modernamente se han tomado referencias más precisas y estables, pero no menos convencionales.

      Puede ser que haya motivos para no fiarnos de las propiedades observadas de los objetos macroscópicos. Pero serán otros motivos, porque estos que dices no son válidos.

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  6. “Pero serán otros motivos, porque estos que dices no son válidos […] No entiendo este argumento, la verdad. No es correcto decir que la masa sea una magnitud que no se basa en un proceso de la naturaleza”.

    Aquí transcribo el argumento de J. Mosterín, no soy el autor de dicho argumento.

    Lo que me llama la atención es que según Mosterín la unidad de la masa, el kilo, se obtiene por convención. Los objetos macroscópicos son evidentemente creaciones de la naturaleza, pero este punto no contradice que definir el kilogramo como unidad de la masa es un constructo humano. Lo que quiere decir, en mi opinión, que el investigador introduce un sesgo decisivo para describir la naturaleza y sus objetos mediante convenciones, hipótesis y teorías. Algunos autores entienden que el acto de alumbrar tesis y convenciones es un modo de co-crear al alimón con la naturaleza.

    La obtención de la verdad científica es aproximativa o provisional porque las teorías científicas están sujetas a modificación y mejora. Desde la perspectiva psicológica parece haber un anhelo, tal vez no del todo consciente, por ceñirse a lo que la naturaleza pretende revelar.

    “El kilogramo patrón es convencional, pero no más convencional que el metro patrón o el segundo patrón.”

    Tu objeción parece razonable pero no soy yo quien expone el argumento que objetas.

    “Ya sea la inercia/gravedad en la mecánica clásica, ya sea la curvatura del espacio-tiempo, ambas son procesos de la naturaleza”.

    Si estudias el desarrollo de la inercia tienes que remontarte a Aristóteles, la Escolástica, Galileo, Newton y Descartes. Lo mismo ocurre con la gravedad, cuya investigación abarca a Aristóteles, Copérnico, Kepler, Descartes, Hooke y Newton. ¿Qué hizo Newton? Seguir el modelo vorticial cartesiano pero modificándolo señalando sus contradicciones. Por el contrario, Hooke aceptaba la propuesta vorticial cartesiana que le servía de guía para proponer que la gravedad es una fuerza universal.

    No se trata solamente de que la inercia, la gravedad, la materia oscura, los agujeros negros y la curvatura del espacio-tiempo son procesos o creaciones de la naturaleza, esto nadie lo discute. El problema se halla en conseguir una descripción (una teoría) que se ajuste a los procesos citados. Esta tarea ha llevado siglos de trabajo, refutaciones y ataques personales entre científicos que revela que cartografiar la materia no es asunto sencillo.

    Y un punto importante, hay que calibrar la matemática aplicada a la física que en principio debe funcionar. Pero no siempre funciona, de hecho hay desarrollos matemáticos terriblemente técnicos o simplemente erróneos que provocan la suspicacia de algunos físicos teóricos porque conducen a callejones sin salida.

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    • >> Aquí transcribo el argumento de J. Mosterín, no soy el autor de dicho argumento.

      Pues entonces, asumiendo que transcribes correctamente su argumento, habrá que concluir que Mosterín está equivocado. Jesús Mosterín fue un prestigioso filósofo de la ciencia español, pero si me atrevo a criticar a Descartes, no me voy a parar delante de ningún otro. Puedes argumentar con razones que yo estoy equivocado, pero decir que Mosterín decía otra cosa no basta. Al menos a mí no me basta.

      >> Lo que quiere decir, en mi opinión, que el investigador introduce un sesgo decisivo para describir la naturaleza y sus objetos mediante convenciones, hipótesis y teorías.

      No tengo ningún inconveniente en admitir que esto es correcto. Es precisamente el fundamento de la distinción entre la realidad y el conocimiento de la realidad, que no es una copia sin más de la primera. Por decirlo de modo simple, la palabra “piedra” es un signo de la piedra que tengo delante, pero no es la piedra misma. Mi descripción es diferente de lo descrito.

      Pero de esto no puedo concluir, de ninguna manera, que lo descrito no es real. Y eso es lo que pareces querer decir con tu argumento tomado de Mosterín: “como la unidad de masa es convencional, entonces la masa es convencional”. Esto es un non sequitur en toda regla. Pero si te he entendido mal, soy todo oídos (ojos).

      >> Algunos autores entienden que el acto de alumbrar tesis y convenciones es un modo de co-crear al alimón con la naturaleza.

      Igualmente de acuerdo. El proceso de conocimiento no es mecánico, es creativo, es inteligente (un proceso puramente mecánico, como la figura que se imprime en la cera, no sería inteligente).

      >> Esta tarea ha llevado siglos de trabajo, refutaciones y ataques personales entre científicos que revela que cartografiar la materia no es asunto sencillo.

      Efectivamente. No es sencillo, ni automático, ni mecánico. La metáfora del cartógrafo me parece adecuada, porque pone fronteras y nombres a una naturaleza que, sin ser una pasta homogénea, no dice claramente dónde termina una entidad y comienza la siguiente.

      Creo que puede ser útil distinguir entre “convencional” y “arbitrario”. Lo que hace el científico/cartógrafo es convencional, pero no arbitrario, porque las diferencias están ahí fuera, aunque las fronteras sean borrosas.

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  7. Acabo de tener noticia de un ejemplo magnífico de abducción, esa experiencia que solemos expresar con un “De repente lo vimos claro”: caer en la cuenta de “un hecho o teoría que, si fuera verdadero, explicaría el fenómeno observado”. Dar con una explicación que lo explica todo. Todas las piezas encajan, y encajan tan bien, que resulta difícil resistirse a la seducción de pensar que esa es la explicación verdadera, la más sencilla.

    Iñaki Úcar y Almudena Castro cuentan cómo llegaron a la conclusión de que la explicación a las desconcertantes anotaciones de Beethoven sobre el ‘tempo’ de sus obras se debía ni más ni menos que a un fallo de usabilidad del metrónomo recién inventado y que el compositor había acogido con entusiasmo. Recomiendo la historia (Dos españoles encuentran una solución al enigma del metrónomo de Beethoven), que la cuenta muy bien Antonio Martínez Ron. A mí me han convencido, completamente.

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