Materialismo

(Esta entrada ha sido elaborada a partir de algunos debates en entradas previas.)

‘Materialismo’ puede significar muchas cosas: que todo lo que existe es materia; que cualquier otra forma de “ser” no es verdaderamente real; que no existen los espíritus, ni por tanto los dioses; etc. El materialismo está próximo al ateísmo (“no existe Dios”), pero no son lo mismo, puesto que es posible ser ateo sin ser materialista; lo contrario, ser materialista sin ser ateo, lo veo difícil. El materialismo está próximo también a una cierta actitud vital centrada en el dinero,  el disfrute y el placer sin preocuparse de realidades “trascendentes” (hedonismo); aunque, nuevamente, es posible adoptar esa actitud vital sin ser estrictamente un materialista filosófico, ni un ateo. Y también es posible ser ateo o materialista sin ser hedonista.

El materialismo está también estrechamente relacionado con el determinismo en sus diversas formas (físico, social, histórico…), y por tanto con la radical negación de la libertad humana. Sobre esto ya he escrito en entradas anteriores, particularmente en La falacia del neuro-abogado. No obstante, me parece que aquí también son necesarios algunos matices. Es posible ser indeterminista sin afirmar por ello la libertad, sobre todo si el indeterminismo se atribuye a causas puramente físicas. Y también pienso que es posible una concepción matizada del materialismo (que explico más abajo), donde sí tiene cabida la libertad.

En esta entrada no voy a hablar del materialismo en sentido religioso o existencial, sino del materialismo estrictamente filosófico: “todo lo que existe es materia”. No obstante, esta es una frase que admite diversas interpretaciones en cuanto empezamos a dar vueltas al significado de ‘materia’ y de ‘existir’. Por eso pretendo distinguir dos tipos de materialismo, y desacreditar uno de ellos, que podríamos llamar materialismo rudimentario o naif, no porque sea “perverso”, sino porque es intelectualmente muy  endeble. En cambio, hay otro tipo de materialismo más elaborado que me parece digno de consideración y respeto.

Vamos, pues. El materialismo se puede entender, creo, de dos maneras diferentes:

Materialismo Tipo 1: todo lo que existe es materia, y nada más que materia; no existen aspectos inmateriales en la realidad, y todo se explica por los aspectos materiales y las leyes físico-mecánicas de la materia. Esta postura es a mi modo de ver inaceptable, deja demasiadas cosas sin explicar en el mundo humano: arte, ética, tecnología (sin ninguna necesidad de mencionar la religión). Si partimos del axioma materialista, al pensamiento libre y sus manifestaciones no les queda más refugio que ser alucinación. No obstante, pienso que en el lenguaje ordinario esto es lo que la gente suele entender por materialista.

Materialismo Tipo 2: existen aspectos inmateriales en el mundo (señaladamente, el comportamiento inteligente y libre de los seres humanos), aunque no existen de forma independiente de lo material. Es decir, no se dice que todo lo que existe es material, pero sí que todo lo que existe requiere un sustrato material. En esta concepción las almas existen, aunque solo como espíritus encarnados; en cambio, Dios, espíritu puro, no existe. El alma no es otra cosa que la vida del viviente, y como tal no es inmortal, ni puede seguir viviendo después de la muerte, separada del cuerpo. Esta postura no me parece incoherente de partida (aunque ciertamente es cuestionable el postulado de que todo lo que existe requiere un sustrato material); más bien, me parece que la carga de la prueba recae sobre quien sostenga la inmortalidad del alma humana y la existencia de Dios.

En el Materialismo Tipo 2 se puede hablar de libertad, y por tanto de arte, ética y tecnología. No quiero decir que sea plenamente satisfactorio –dificultades siempre hay– pero, al menos, no está cerrado a reconocer la pluralidad de aspectos de la realidad.

Por el contrario, el Materialismo Tipo 1 sostiene que “lo real por antonomasia es lo material, y cualquier otra forma de ser no es verdaderamente real”; es un burdo materialismo que pretende que todo lo que ocurre en el universo se puede explicar por las leyes de la materialidad, por interacciones físico-mecánicas. La única forma de ser real, de existir, es ser material; la única explicación valida y suficiente es la explicación materialista, mecanicista.

Este materialismo tan simplista no puede explicar la vida y la conciencia. No puede explicar el comportamiento libre, porque tratar de explicar la libertad de modo mecánico no es explicarla sino negarla. Y tampoco puede explicar la inteligencia (como ya argumenté en ¿Inteligencia sin libertad?), puesto que para obedecer ciegamente un conjunto de reglas mecánicas no hace ninguna falta ser inteligente. Cualquier actividad de argumentación racional, con su distinción entre lo que es verdad y lo que no es verdad, asume que nuestra inteligencia no es mecánica.

Tampoco es verdad que este materialismo sea un presupuesto de la tecnociencia. Ni la ciencia ni la tecnología requieren metodológicamente asumir que lo único real es lo material, ni tampoco se benefician de asumirlo. Otra cosa es que la ciencia empírica practique un “reduccionismo metodológico” consistente en fijarse solo en las propiedades medibles y por tanto materiales; pero aquí el científico sano (“sano” desde mi punto de vista) no dice “lo único real es lo medible”, sino “solo me fijo en lo medible”. Es el tipo de reduccionismo que necesitan, por ejemplo, los ingenieros que fabrican cinturones de seguridad.

Admitir que hay realidades más allá de la pura materia y las interacciones físicas no implica arrojarse en los brazos de fantasmas y criaturas míticas. Es tan sencillo, y tan cotidiano, como darse cuenta de que el número 2 es real, no en el sentido de que exista como entidad independiente en el platónico Mundo de las Ideas, sino en el sentido de que es verdad que yo tengo dos manos; tener dos manos es verdad, es algo real, no es una proyección ilusoria de mi mente. Nada que ver con bleem, el número secreto.

Y cuando mi mente reconoce –sería más correcto decir “yo reconozco”– que algo son Dos, y lo digo, y lo escribo, estoy haciendo algo que es inexplicable en términos de vibraciones sonoras y trazos de tinta. El mundo del significado es radicalmente irreductible a explicaciones físico-mecánicas materialistas. Y dentro del mundo del significado y de las intenciones están, cómo no, las máquinas: el materialismo puro y duro, en su simpleza, no puede explicar Qué es una máquina.

Créditos de las imágenes

https://pixabay.com/es/photos/dinero-geldturm-monedas-euro-2180330/
https://pixabay.com/es/vectors/fantasma-escalofriante-chiqui-156969/

9 pensamientos en “Materialismo

  1. No olvidemos que el materialismo, por mucho que choque a alguno, sigue siendo una creencia metafísica, tan en la casilla de salida de su demostración como el idealismo, o el dualismo o el teismo. La única diferencia es que tras siglos nos hemos acostumbrado a él y a la mayoría su adopción le parece de “sentido común”, pero realmente no tiene ninguna ventaja más allá que nuestro apego cultural. Apuntas bien, y es que lo cualitativo no tiene posibilidad de ser explicado cuantitativamente, no es reductible a los numeros. La mente no puede ser una proyección de la mente. Otra posibilidad que se ha intentado es eliminar lo cualitativo, para los eliminativistas tipo Churchlands lo cualitativo no existe, no existe pues ni el querer, ni el pensar, ni el desear, ni el sentir, ni la emoción. Las implicaciones están claras, (nadie te está escribiendo y entendiendo esto esto porque no hay nada que escribir o entfnder).Desde mi humilde punto de vista el eliminativismo se refuta a si mismo.

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  2. Si no hubiera vida inteligente en el universo, entonces ¿solo habría materialismo tipo 1?
    Recordemos que este estado se ha dado en el universo hasta que aparecimos nosotros hace muy poco tiempo, en términos cosmológicos.

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    • Hola Enrique. Muy interesante pregunta. El materialismo (tipo 1 o tipo 2) no es algo que “hay”, sino que es nuestro intento de explicación del mundo que nos rodea. Así que, si no hubiera vida inteligente, tampoco habría nada que explicar, porque las explicaciones son para los seres racionales. Luego, en cierto modo, no “habría” ningún tipo de materialismo.

      Pero creo que lo que preguntas se puede reformular de otra manera: el argumento para desacreditar el materialismo tipo 1, ¿se basa solo en la existencia de vida inteligente, o hay algo más? A esto respondo que mi argumento, efectivamente, se basa principalmente en la vida inteligente, y de modo muy especial en sus manifestaciones tecnológicas.

      No obstante, pienso que la vida en general tampoco se puede explicar de modo satisfactorio de modo mecanicista, y así lo he apuntado en la entrada (“Este materialismo tan simplista no puede explicar la vida y la conciencia”). No obstante, aunque los argumentos anti-mecanicistas a partir de la biología son muy importantes, no me siento tan cómodo con ellos como para desarrollarlos a fondo.

      Escribí sobre esto aquí: ¿Hay finalidad en el universo?

      Un saludo y gracias por comentar.

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      • Como todo es matizable, respondiendo a Enrique, yo diría que hay materialistas del tipo 2 (en la clasificación de Gonzalo, porque a sí mismos no se llaman materialistas sino naturalistas), que niegan la identificación entre naturalismo y mecanicismo. En consecuencia, no solo aceptan la emergencia de nuevas propiedades no materialiales y procesos no mecánicos en la inteligencia y libertad humana, sino mucho antes, ya en cualquiera de las transiciones de fase que trata la física de materia condensada (o también, como quiere Lee Smolin, en las mismas leyes y constantes de la física fundamental).

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  3. Buenas

    Escribe Génova: “En esta concepción las almas existen, aunque solo como espíritus encarnados; en cambio, Dios, espíritu puro, no existe. El alma no es otra cosa que la vida del viviente, y como tal no es inmortal, ni puede seguir viviendo después de la muerte, separada del cuerpo”.

    Aquí veo una contradicción. Si el alma encarna quiere decirse que viene o aterriza de algún lugar pre-existente al cuerpo material en el que encarna. Si esto no fuese así no cabe hablar de encarnación. Si el alma es un espíritu encarnado o aterrizado o materializado carece de dimensión temporal, es n-dimensional. El verbo encarnar oculta una dimensión temporal que no es tridimensional, pero si se afirma que el alma nace con el cuerpo o se forma con el cuerpo como el hígado o los huesos entonces el cuerpo es inmortal. Pero el cuerpo muere, por tanto al morir el cuerpo el alma desencarna y regresa al lugar n-dimensional de donde procede. A diferencia del cuerpo que es 3+1 dimensional el alma es n-dimensional.

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    • Hola, Trenchtown. El verbo “encarnarse” puede implicar pre-existencia, pero no necesariamente; depende del concepto de encarnación que esté manejando el hablante. Tú dices: Si el alma [se] encarna quiere decirse que viene o aterriza de algún lugar pre-existente al cuerpo material en el que encarna. Pero ese esa es tu noción de encarnación, no la mía.

      Mi intención está clara por el contexto: quiero significar una forma de ser en la que el alma es la organización (“forma”) de una materia, sin preexistencia. Ocurre análogamente con multitud de entidades que conocemos: la hoja de papel no puede existir sin ser blanca y rectangular. La blancura y la rectangularidad son su organización, y tampoco pueden existir si no es “encarnadas” en el papel. Y esto de ningún modo requiere la preexistencia de la blancura ni de la rectangularidad.

      Yo no veo ninguna contradicción. Si el término “encarnada” te parece inadecuado para expresar esto, estoy dispuesto a usar otro término.

      Que el hígado tenga estructura de hígado no implica (¿cómo podría hacerlo?) que la estructura del hígado sea inmortal.

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