La falacia del neuro-abogado

Esta entrada fue publicada originalmente en Naukas.

Supongamos el siguiente diálogo en un tribunal de justicia:

– Señor Juez, mi cliente, como Vd bien sabe, no es responsable de los crímenes que se le imputan, puesto que sus acciones presuntamente delictivas están completamente determinadas por sus procesos cerebrales.

– Señor Abogado Defensor, como Vd bien sabe, yo no soy responsable de las sentencias que pronuncio, puesto que mis acciones están completamente determinadas por mis procesos cerebrales. Si cree Vd que puede influir en mi decisión, está Vd muy equivocado, ya que la sentencia que voy a pronunciar en breves momentos ya está escrita en mis neuronas sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Si Vd supiera algo de neurociencias además del (ya inútil) Derecho, lo sabría perfectamente. Así que ahórrese su absurda palabrería.

Si cree Vd que puede influir en mi decisión, está Vd muy equivocado

¿Soy libre, o es una mera ilusión?

No faltan, entre investigadores de todo el mundo, quienes niegan que la libertad sea una característica humana real. El argumento suele ser que, puesto que somos seres materiales, estamos sometidos a las leyes deterministas de la materia, luego no somos libres. Este argumento, y otros similares, aparecen una y otra vez en los medios de comunicación; y no solo en los medios divulgativos, también en publicaciones científicas. Así lo contaba hace unos años, por ejemplo, Francisco J. Rubia apoyándose en los experimentos de Benjamin Libet y otros:

La libertad, la voluntad libre o el libre albedrío es una ficción cerebral. Eso es el resultado de experimentos realizados recientemente en neurociencia que indican que la actividad cerebral previa a un movimiento, realizado por el sujeto en un tiempo por él elegido, es muy anterior (350 ms) a la impresión subjetiva del propio sujeto de que va a realizar ese movimiento (200 ms antes del movimiento). (…) No podemos, pues, fiarnos de nuestras impresiones subjetivas porque pueden ser falsas. A veces, como en este caso, la falta de libertad es algo contraintuitivo, como suele expresarse en inglés, pero los experimentos indican que, efectivamente, estamos determinados, como el resto del Universo, por las leyes deterministas de la Naturaleza. (…) Esto explica por qué en Alemania, algunos especialistas en derecho penal están reclamando la revisión del código penal para adecuarlo a los resultados de la neurociencia.

No voy a tratar de demostrar científicamente que somos libres. De hecho, dudo mucho que esto se pueda demostrar de modo experimental. Ya examiné, desde una nueva perspectiva sobre el Test de Turing, las serias dificultades que hay para distinguir experimentalmente entre el comportamiento libre y el no libre. Lo que sí voy a mostrar es la incoherencia de científicos y divulgadores como el citado Rubia, que incurren estrepitosamente en la que he llamado falacia del neuro-abogado.

En efecto: si la libertad es un invento del cerebro y no somos realmente libres, entonces ciertamente es injusto condenar a los criminales, y deberíamos modificar el código penal. Pero, por otra parte, si la libertad es un invento del cerebro y no somos realmente libres, entonces tampoco podemos libremente modificar el código penal, y no tiene sentido que nos pidan hacerlo. Ya está.

A los animales no racionales no se les puede convencer con argumentos, tan solo se les puede condicionar con premios y castigos. Cuando al sujeto que tenemos enfrente le presentamos argumentos para intentar convencerle, implícitamente estamos asumiendo que es un ser racional y libre. Intentar hacer lo mismo con un ser que se afirma que no es libre es un contrasentido, y demuestra que Rubia no se cree la tesis que él mismo presenta como irrefutable. Si ningún ser humano es libre, entonces los criminales no son libres para evitar el crimen, pero los jueces y legisladores tampoco lo son para cambiar las leyes.

El determinismo choca frontalmente con la experiencia de la libertad y otras estrechamente relacionadas, como la educación. La misma inteligencia es incompatible con el mecanismo determinista, como ya argumenté en un artículo anterior: sin libertad no hay inteligencia. Ni tampoco hay heroísmo ninguno en sacrificar la vida por los demás, como en el cuento de Fukushima. Si somos seres completamente sometidos a las leyes deterministas de la naturaleza, entonces el yo no es autor de su vida, sino como mucho un espectador pasivo de lo que pasa, dentro y fuera de él. Un yo ficticio y una libertad ficticia es todo lo que cabe dentro de este determinismo. Si no somos dueños de nuestros actos, si nuestra conducta es puramente instintiva  (reacción mecánica a los estímulos recibidos), como pretende Rubia, entonces toda discusión sobre la ética es una pérdida de tiempo.

Pero lo cierto es que no nos entendemos así. La tarea educativa, por ejemplo. Educamos porque pensamos que nuestras tendencias no son irresistibles, que nuestros condicionamientos externos no son absolutos, que no somos sistemas físicos causales sin más. Educamos porque pensamos que ahí delante hay “alguien” (un yo) que es capaz de tomar dominio sobre sí mismo y convertirse en autor de su vida. Esta es una de esas experiencias vitales que el determinismo no puede explicar. ¿Por qué aceptar un axioma filosófico, no demostrado ni demostrable, que hace tan difícil explicar nuestra vida cotidiana?

La negación de la libertad NO tiene consecuencias

Yuval Noah Harari es uno de los pensadores de moda. En un reciente artículo publicado en El País, Los cerebros ‘hackeados’ votan, explica brillantemente que las nuevas tecnologías amenazan muy seriamente nuestra vida social y democrática, ya que los Gobiernos y las empresas harán lo posible por hackear o piratear el “sistema operativo humano”, como él lo llama, para manipularnos a su conveniencia. Pero no se contenta con advertir sobre estos peligros, sino que se atreve a señalar que la raíz de todo el problema es nuesta creencia en el “espejismo” del libre albedrío:

Por desgracia, el libre albedrío no es una realidad científica. Es un mito que el liberalismo heredó de la teología cristiana. Los teólogos elaboraron la idea del libre albedrío para explicar por qué Dios hace bien cuando castiga a los pecadores por sus malas decisiones y recompensa a los santos por las decisiones acertadas. Si no tomamos nuestras decisiones con libertad, ¿por qué va Dios a castigarnos o recompensarnos? Según los teólogos, es razonable que lo haga porque nuestras decisiones son el reflejo del libre albedrío de nuestras almas eternas, que son completamente independientes de cualquier limitación física y biológica.

Aquí habría que decir, como poco, que sorprende que Harari atribuya la idea occidental de libertad a la teología cristiana. ¿Es que antes del cristianismo no había reflexionado nadie sobre la libertad, ni en el mundo romano, ni en el griego, ni en el judío? ¿Es que el moderno alejamiento del cristianismo tiene que ir acompañado necesariamente de la negación de la libertad?

Pero es que, además, la concepción del alma como entidad “completamente independiente de cualquier limitación física y biológica” no es la de la teología cristiana, sino más bien la del dualismo cartesiano, que concibe el alma y el cuerpo como dos cosas distintas, unidas de un modo tremendamente problemático que el mismo Descartes nunca supo explicar de forma convincente. Aceptar el postulado del dualismo cartesiano (“las cosas son: o materiales, o inmateriales”) es el punto de partida que a menudo desemboca en negar la existencia de realidades inmateriales como la libertad, puesto que solo las materiales son “objetivas”. El dualismo cartesiano nos metió en un callejón sin salida. Pienso que jamás vamos a entender bien qué es el ser humano en toda su riqueza desde la aceptación del postulado cartesiano. Hay que dar marcha atrás y volver a pensarnos de otra manera.

Es cierto que el cartesianismo ha influido mucho en la teología cristiana posterior, y no digamos en la cultura popular, pero de un pensador tan sugerente como Harari esperaba algo más de agudeza. Harari tiene una idea completamente cartesiana del libre albedrío, como puro ser incondicionado, y así no es extraño que lo rechace, porque es bastante obvio que esa concepción no responde a nuestra experiencia cotidiana. Como seres materiales que somos, estamos sin duda condicionados, pero otra cosa distinta es decir que estamos completamente determinados. El tema es muy pertinente, pero su análisis es superficial.

Para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI, necesitamos dejar atrás la ingenua visión de los seres humanos como individuos libres —una concepción herencia a partes iguales de la teología cristiana y de la Ilustración— y aceptar lo que, en realidad, somos los seres humanos: unos animales pirateables. Necesitamos conocernos mejor a nosotros mismos. (…) ¿Qué hacer? Supongo que necesitamos luchar en dos frentes simultáneos. Debemos defender la democracia liberal no solo porque ha demostrado que es una forma de gobierno más benigna que cualquier otra alternativa, sino también porque es lo que menos restringe el debate sobre el futuro de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, debemos poner en tela de juicio las hipótesis tradicionales del liberalismo y desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas del siglo XXI.

Aquí es donde incurre Harari en la falacia del neuro-abogado. Si no somos libres, entonces toda esta parte de su discurso es un sinsentido. Si no somos libres, no tenemos ningún deber, no necesitamos defendernos de nada, y la manipulación deja de ser un mal criticable (y, obviamente, también deja de ser algo evitable). Harari trata de convencernos con argumentos para que nos defendamos de la manipulación ideológica apoyada en las nuevas tecnologías; esto está muy bien, pero no puede hacerlo sin asumir que, al menos en cierta medida, somos libres. Se contradice, pues, cuando trata de convencernos de que el libre albedrío es un espejismo.

Cuando en el lenguaje ordinario decimos que algo “tiene consecuencias”, podemos referirnos a dos cosas diferentes: consecuencias lógica o físicamente necesarias, o bien consecuencias prácticas para la acción libre. Las primeras se producen, por ejemplo, en las leyes de la naturaleza (“poner el agua al fuego tiene como consecuencia que se calienta”); las segundas las entendemos como argumentos que deberían alterar nuestro curso de acción (“hay huelga de taxis, en consecuencia tendré que ir en autobús”). Negar la libertad humana tiene como consecuencia necesaria que no somos dueños de nuestros actos. Pero no puede tener como consecuencia, para nuestra acción libre, la recomendación de una u otra estrategia de acción. Ni siquiera nos pueden exhortar a aceptar un destino “inexorable”, porque la actitud de aceptación o rechazo también estaría predestinada. Negar la libertad no tiene consecuencias prácticas. Debería ser obvio, ¿no?

El argumento de autoridad y el argumento de antigüedad

Como es bien sabido, el argumento de autoridad (“esto es así por que lo dice X”) es el más débil de los argumentos. Y, junto a este, hay que estar prevenidos también contra el argumento de antigüedad: las ideas no son mejores ni peores por ser antiguas o modernas; de hecho, a menudo encontramos pensadores extraordinariamente lúcidos entre los más antiguos.

Tras haber denunciado durante años la falacia del neuro-abogado, recientemente he encontrado que tiene su versión en la antigüedad clásica, por la que el lector ya sabe que siento debilidad. Diógenes Laercio (180-240 d.C.), que se dedicó a coleccionar dichos de sus predecesores, relata una jugosa anécdota de un filósofo estoico, Zenón de Citio (336-264 a.C.; no debe confundirse con el más famoso y antiguo Zenón de Elea, el de la paradoja de la tortuga, que vivió en 490-430 a.C.). Al llegar a casa, Zenón sorprende a su esclavo mientras intenta robarle. El esclavo se las da de listillo y dice: “si, como enseñan los filósofos, todo es absolutamente necesario, entonces estaba escrito en mi destino que yo debía robarte”. Zenón, sin alterarse, la emprende a golpes con el ladrón, replicándole: “¡sí, y también esto estaba escrito en tu destino!” [1]. Quizás el castigo fue excesivo, pero el esclavo era sin duda un cínico de cuidado.

NOTAS

[1] Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres. Traducción, introducción y notas de Carlos García Gual. Alianza Editorial, 2007, p. 339. La anécdota está narrada aquí en apenas dos líneas: Cuentan que azotaba a un esclavo por un hurto, y aquél le dijo: «Estaba predestinado a robar». «Y a ser azotado», replicó él.

Créditos de las imágenes

https://delajusticia.com/2016/01/20/la-mala-educacion-de-algunos-jueces/

46 pensamientos en “La falacia del neuro-abogado

  1. Excelente argumentación. Realmente, no entiendo el sistema que sigue mucha gente, un tanto platónico, a la hora de contrastar los resultados de la investigación científica (que además suelen ser provisionales o hipotéticos) con ciertos conceptos a los que se hace referencia en la misma.
    Da la sensación de que partimos del hecho de que tenemos una idea intuitiva de algo (la libertad o el libre albedrío, en este caso) que es correcta, completa, y que además no admite matices: o es como lo imaginamos desde siempre, o no existe ni existe ninguna alternativa.
    No se por qué le sorprende a nadie que existan procesos biológicos o metabólicos ajenos a nuestra consciencia, aunque sean a nivel neuronal, previos a la toma de una decisión consciente; la consciencia es solo una propiedad de nuestro organismo, útil para determinadas funciones, pero no la necesitamos para realizarlas todas. Al ser un proceso del más alto nivel, necesita de la integración y proceso de mucha información procedente de muchas zonas del interior y del exterior de nuestro cuerpo, lo que lleva su tiempo, y sería subóptimo en términos biológicos ser conscientes de todo el proceso y permitir que la voluntad, por ejemplo, pueda intervenir en cualquier momento del proceso, del mismo modo que sería un trabajo titánico mantenernos vivos si tuviésemos que hacer latir el corazón conscientemente.
    Pretender aplicar el concepto de libertad o libre albedrío a cualquier actividad que esté fuera del ámbito de la consciencia solo conduce a conclusiones absurdas. No soy libre de sentir o no sentir ganas de fumar, solo soy libre, en el momento de percibirlas conscientemente, de decidir hacerlo o no, y de hecho, lo puedo decidir sin ningún problema, la neurociencia me aporta muy poca ayuda al respecto.
    El libre albedrío no puede ser un absoluto, existe solo dentro del ámbito que le da sentido, y ese ámbito es la consciencia; no es un concepto biológico, sino filosófico, por lo que no creo que ningún descubrimiento sobre el funcionamiento del cerebro pueda aportar nada de interés al respecto. Sabemos que somos libres simplemente porque es así como llamamos a la sensación de serlo.

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    • Hola Miguel, y bienvenido. Muchas gracias por tu comentario. Muy de acuerdo con lo que dices.

      He visitado tu blog, y me ha parecido muy interesante, ¡tenemos intereses comunes! En particular, me ha gustado tu artículo Transferir la mente a un ordenador, con el que coincido plenamente. Dentro de unos meses probablemente incluya algo al respecto, aunque desde una perspectiva diferente a la tuya.

      Te he incluido entre mis sitios de interés. ¡Un saludo!

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  2. Hola de nuevo!
    Me saltan algunas alarmas sobre el texto que comparto a continuación:
    – la educación (según como se entienda) no tiene por qué presuponer la libertad. El condicionamiento no lo presupone. Entonces, qué forma de educación sí lo hace? Y en qué se distingue del condicionamiento (de un funcionamiento muy muy complejo y rico)?
    – el que tengamos una sensación nos tiene que llevar a descartar hipótesis que la niegan? El papel de la ciencia y de la filosofía es construir un edificio lo más coherente posible. Con ese rigor, se aceptó la mecánica cuántica y la relativista aunque iban contra nuestras sensaciones. Qué constructo filosófico sobre el mundo podemos sostener que permita la coexistencia de la determinación causal y de la libertad? Yo en este artículo es donde veo un cierto dualismo (más platónico que cartesiano) para salvar esta cuestión que, mientras seamos (al menos en parte) materiales, tiene todo el derecho a ser formulada.
    Me gustó la última frase de miguel sobre a lo que llamamos ser libres. Pero corre el riesgo de quedarse muy deslavada si nuestra sensación (y esto es algo medible en términos físicos) al final resulta ser una simple red conplejísima de potenciales evocados. Creo que no debemos renunciar a una noción fuerte de libertad y buscar su encaje con la física.
    Ale, a por ello!!!

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    • Pablo,

      >> ¿en qué se distingue [la educación] del condicionamiento?

      El condicionamiento es una parte, la más elemental, de la educación. Pero si tratamos al educando solo como sujeto de condicionamiento, lo que hacemos en tratarlo como un animal o una máquina. El proceso educativo debe culminar en la promoción de la autonomía y madurez personal, que no puede lograrse solo mediante condicionamiento.

      Claro que si pensamos que el educando es en el fondo una máquina, no nos extrañará entrenarlo (no educarlo) como tal. Pero entonces yo soy una máquina también, y condiciono en función de cómo he sido condicionado. Es decir, no tengo ningún motivo racional para condicionar de una forma u otra, es todo un proceso mecánico, muerto, como recojo más abajo en la cita de Schumacher. Sobre esto tengo escrito algo más largo que algún día verá la luz aquí.

      >> Qué constructo filosófico sobre el mundo podemos sostener que permita la coexistencia de la determinación causal y de la libertad? // no debemos renunciar a una noción fuerte de libertad y buscar su encaje con la física

      Probablemente una de las preguntas más difíciles de la filosofía, y me vas a permitir que no la responda… al menos por ahora. Tengo ideas, pero tienen que madurar. De todas formas, el alcance del artículo es más modesto. No pretendo refutar el determinismo, tan solo señalar la incoherencia de los que supuestamente refutan el determinismo el libre albedrío (*) y a renglón seguido apelan a la libertad. (*) Editado, era obviamente un lapsus.

      >> Yo en este artículo es donde veo un cierto dualismo

      Porfa, dime en qué frase, la acusación genérica no vale. Salvo que consideres que distinguir en una hoja de papel entre su blancura y su rectangularidad es ser dualista. Dualismo es separación de sustancias, y hago todo lo posible por no caer en ese que considero un pernicioso error. Distinguir mentalmente aspectos del ser, no separables en la realidad, no es necesariamente ser dualista.

      >> si nuestra sensación (y esto es algo medible en términos físicos) al final resulta ser una simple red conplejísima de potenciales evocados

      Una respuesta clásica: es como decir que una novela al final no es más que tinta negra sobre papel blanco, que una sinfonía no es más que vibraciones sonoras, y un cuadro no es más que zonas coloreadas con pintura. La “vida de sentido” o vida racional, tal como la conocemos, requiere soporte material, es obvio, pero es simplista pretender que se reduce a él.

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      • Pues yo soy dualista, y a mucha honra. Recordad que hay dos versiones de dualismo: el esencialista, a lo Descartes, y el interaccionista, a lo Eccles. Yo me considero partidario del dualismo interaccionista. He hablado de esto en mi blog, pero no voy a poner más enlaces (:-)

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      • Yo me refiero principalmente al dualismo cartesiano. Por lo que lo conozco, que no es mucho, el dualismo interaccionista tampoco me parece satisfactorio. Pero no conozco en profundidad el dualismo de Eccles, y sé que tú lo conoces mucho mejor que yo.

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  3. El artículo dice: “¿Por qué aceptar un axioma filosófico, no demostrado ni demostrable, que hace tan difícil explicar nuestra vida cotidiana?”

    La respuesta la dio Schumacher en su libro “Small is beautiful”: se niega la libertad para eludir la responsabilidad. Es lo de siempre: echarle la culpa a otro de nuestros propios errores. En este caso es aún más fácil: se echa la culpa al determinismo, con lo cual nadie tiene la culpa de nada.

    La cita completa de Schumacher se puede ver en mi blog: https://divulciencia.blogspot.com/2016/04/planes-pronosticos-y-estimaciones.html.

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    • ¡Schumacher es uno de mis autores preferidos!

      En el mismo libro, en el capítulo “El mayor recurso, la educación” (que tienen que leer mis alumnos), escribe el siguiente párrafo:

      G. N. M. Tyrell emplea los términos «divergente» y «convergente» para distinguir los problemas que no pueden ser resueltos por el razonamiento lógico en contraposición con aquellos que pueden serlo. La vida sigue adelante por los problemas divergentes que tienen que ser «vividos» y se solucionan sólo con la muerte. Los problemas convergentes, por otro lado, son los inventos más útiles del hombre; como tales no existen en la realidad, sino que se crean en un proceso de abstracción. Cuando se resuelven la solución se puede escribir y transmitir a otros que la podrán aplicar sin necesidad de reproducir el esfuerzo mental necesario para descubrirla. Si éste fuera el caso de las relaciones humanas (de la vida familiar, de la economía, la política, la educación, etc.), bueno, no sé cómo terminar la frase. No cabría ninguna relación humana, todas serían reacciones mecánicas y la vida sería una muerte viviente. Los problemas divergentes compelen al hombre a esforzarse hasta un nivel por encima de sí mismo, demandan fuerzas que provienen de un nivel más alto y, al mismo tiempo, hacen posible su existencia trayendo amor, belleza, bondad y verdad dentro de nuestras vidas. Es sólo con la ayuda de estas fuerzas más elevadas como los contrarios pueden ser reconciliados en una situación vital.

      Pretender que no hay libre albedrío, que todo son reacciones mecánicas, es tanto como no reconocer que estamos vivos.

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      • Dices: “Por lo que lo conozco, que no es mucho, el dualismo interaccionista tampoco me parece satisfactorio.” Acaso tú prefieras el monismo emergentista, pero si es así ten cuidado, porque es un modo de introducir subrepticiamente el materialismo determinista.

        Por mi parte, yo soy Teilhardiano: considero que el espíritu y la materia son dos propiedades generales del universo. El espíritu es imperceptible en los seres inanimados (pero está ahí); es perceptible, pero no dominante en los seres vivos; y es dominante en el hombre. Esta visión es muy parecida al dualismo interaccionista de Eccles y Popper.

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      • Sobre el emergentismo ya hemos tenido debate en el artículo anterior. Ahí ya dije que el emergentismo no sirve como explicación, aunque pueda ser verdadero en un sentido más restringido, como constatación de lo que ha ocurrido. Es como llegar a un manantial en la montaña, y preguntarse: -“¿Por qué hay un manantial aquí?” -“Es que emerge de la roca”. Es verdad que emerge, pero eso no es una explicación, es una mera constatación.

        >> considero que el espíritu y la materia son dos propiedades generales del universo

        Simpatizo con las concepciones teilhardianas, que veo entroncadas con el pampsiquismo y el hilozoísmo. Mi prevención contra el “interaccionismo” es precisamente el sentido de la palabra “interaccionar”, que me parece inadecuada para expresar correctamente (y que se entienda en nuestra época) la relación entre vida (o espíritu) y materia, o mejor, entre lo inmaterial y lo material de la realidad. En el anterior artículo escribía: “La finalidad y la estructura influyen en el funcionamiento de un artefacto; pero, obviamente, no interactúan físicamente con sus elementos”.

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      • Ole! Me despisto 2 días plantando árboles y cuando vuelvo, menuda conversación!
        Atajo lo que me atañe más: es verdad que hay un conflicto entre libertad e irresponsabilidad, como señala manuel, en el que me posiciono en el lado de la libertad (como ya sabéis). Pero hay otro conflicto entre libertad y determinismo físico. Y estoy deseando leer los textos madurados de gonzalo al respecto.
        Supongo que arrojarán luz sobre la diferencia entre condicionar y educar, que, desde que somos seres físicos que interactúan físicamente, no tiene una frontera tan clara «visto desde fuera» (como señalaba tu artículo anterior sobre el test de turing). Si la diferencia es de nuestra actitud o proyección sobre el ser educando, también podríamos proyectar esa misma actitud sobre animales (y me consta que mucha gente lo hace con sus mascotas, o criadorxs de animales en cautividad para que puedan vivir en libertad en el futuro).
        El dualismo que señalaba (y del que gonzalo me pide aclaración) lo veo en lo siguiente: el artículo dice que experimentamos la sensación de libertad (y como hipótesis explica mucho de nuestro mundo -o de cómo lo vemos, diría yo), y la damos por real. A la vez, damos por ciertas las teorías físicas actuales (conservación de la energía, me conformo con ésa por ahora), que pertenecen a un universo lógico incompatible con la experiencia de libertad. Ahí veo el dualismo, en la coexistencia de dos sistemas de creencias mutuamente excluyentes, salvo artificios del lenguaje (antes de que manuel me acuse de «subrepticio», diré que hablo «desde» mis creencias (en mi caso materialistas), como todxs). No obstante el ejemplo de la blancura del papel me ha encantado. Me ha encantado aunque o no lo entiendo o no me padece apropiado, pues mientras la blancura no interacciona con la rectangularidad, la libertad -si existe- sí lo hace con el devenir físico de nuestro entorno.
        Y no digo, por ello y como dices, que una novela sea sólo tinta sobre papel. Me parece un ejemplo perfecto: creo en la estructura (quizás de forma parecida a como crees en la finalidad de diseño, que en el fondo aceptaba y compartía) como algo REAL en su acepción más fuerte. Y la estructura de una novela (y de nuestro cerebro para poder entenderla, por condicionamiento en el lenguaje, por ejemplo) forma parte de su esencia material.
        Y adelanto mi hipótesis de resolución del conflicto: en la estructura reside la grieta por la que la libertad se cuela en el mundo material, posibilitando un materialismo no determinista y, por tanto, responsable.

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      • Hola otra vez, Pablo!

        >> Me despisto 2 días plantando árboles

        El hombre que plantaba árboles

        >> Pero hay otro conflicto entre libertad y determinismo físico. Y estoy deseando leer los textos madurados de gonzalo al respecto

        Es cuestión de no absolutizar el determinismo físico, de respetar la diferencia entre el plano epistemológico y el ontológico. Conocemos la realidad material en cuanto hetero-determinada (causalidad eficiente); pero eso no quiere decir que en sí misma sea exclusivamente hetero-determinada, sino que con el método científico es todo lo que logramos conocer de ella. Sin ir más lejos, theilardismo, pampsiquismo e hilozoísmo ya se salen de esta limitación, introduciendo en mayor o menor grado la auto-determinación.

        >> arrojarán luz sobre la diferencia entre condicionar y educar

        Encuentros educativos en la tercera fase

        >> el artículo dice que experimentamos la sensación de libertad

        Perdón, eso no lo dije yo, lo dijo Miguel. Lo que yo digo es que la noción de libertad casa con (explica, da cuenta de) nuestra experiencia cotidiana, de una forma que el determinismo no puede hacer.

        >> damos por ciertas las teorías físicas actuales (…) que pertenecen a un universo lógico incompatible con la experiencia de libertad

        Sólo son incompatibles si absolutizas esas teorías, si te empeñas en que la realidad es exactamente igual que como es conocida con el método científico.

        >> la coexistencia de dos sistemas de creencias mutuamente excluyentes

        Efectivamente, éste era el problema de Kant, que le llevó a separar por completo el mundo de la experiencia fenoménica del mundo de la libertad.

        >> mientras la blancura no interacciona con la rectangularidad, la libertad -si existe- sí lo hace con el devenir físico de nuestro entorno

        Eso es tu forma de ver las cosas, que es, permíteme decirlo, muy cartesiana. Me empeño una y otra vez en decir que la libertad no “interacciona” con el mundo físico. No hay un “yo” que interacciona con su cuerpo: el yo es el cuerpo, el cuerpo es el yo. Ciertamente, podemos conocer el yo-cuerpo solo en tanto que material, con un reduccionismo metodológico perfectamente legítimo que necesitan, por ejemplo, los ingenieros que fabrican cinturones de seguridad. Y claro, podemos conocerlo también solo en tanto que espiritual (racional), con otro reduccionismo metodológico que también es perfectamente legítimo. Ocurre así cuando digo que “A implica B; B implica C; luego A implica C”. Es la aplicación de una regla lógica de inferencia, que es válida sean cuales sean las corrientes eléctricas que hay en mi cerebro cuando lo digo. [añadido]

        La blancura no interacciona con la rectangularidad. De modo análogo, el modelo de estados de un sistema no interacciona con el programa que lo implementa. Pero lo explica, y es la guía que usamos para escribir el programa.

        >> Y adelanto mi hipótesis de resolución del conflicto: en la estructura reside la grieta por la que la libertad se cuela en el mundo material, posibilitando un materialismo no determinista y, por tanto, responsable.

        Aquí te acercas a mi posición, aunque yo no diría que “se cuela”… al menos no más que “la materia se cuela en el mundo libre”.

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      • Hola de nuevo!
        Cuando digo que el mundo “libre” interacciona con la materia, me refiero a que la libertad sólo tiene sentido en tanto que acción (ahí me pongo kantiano otra vez, perdón!), e incluyo acción también a pensamientos emergidos o surgidos de la libertad. Es decir, si hay libertad, tendrá que plasmarse en acciones que sean libres y no hetero-determinadas, pero acciones al fin y al cabo, que mueven cosas materiales de sitio, que utilizan trabajo medido en julios, porque si no, estamos hablando exclusivamente de una libertad en el mundo de las ideas, platonismo puro sin engarce en la realidad que podemos ver y sentir.

        Y ya sólo por discutir, cuando digo que “se cuela en el mundo material”, asumo que el mundo material estaba antes de que surgieran seres libres, que abren un nuevo plano ontogóligo de acción, y no al revés, que había un ser libre inmaterial (dios? qué si no?) que empezó a producir “libremente” material sujeta al principio de causalidad. Mi posición es claramente materialista aunque no determinista en un sentido absoluto (creo en la existencia de esas grietas compatibles con que cada átomo de nuestro cerebro cumpla con la causalidad física).

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      • >> Cuando digo que el mundo “libre” interacciona con la materia, me refiero a que la libertad sólo tiene sentido en tanto que acción (…). Es decir, si hay libertad, tendrá que plasmarse en acciones que sean libres y no hetero-determinadas

        Aquí vamos acercando posiciones, aunque me gustaría más si dijeras: “el mundo libre interacciona con el mundo no libre”, o mejor “los seres materiales libres interaccionan con los seres materiales no libres”. La libertad es un sustantivo solo en nuestra mente, en el mundo es un adjetivo. Pero, atención, con la materia ocurre exactamente lo mismo: es un sustantivo solo en nuestra mente, en el mundo es un adjetivo.

        >> cuando digo que “se cuela en el mundo material”, asumo que el mundo material estaba antes de que surgieran seres libres, que abren un nuevo plano ontogóligo de acción

        Conforme.

        >> Mi posición es claramente materialista aunque no determinista

        Entiendo que con esto quieres decir que no aceptas la existencia de entidades puramente inmateriales (almas separadas, ángeles, dioses).

        El materialismo se puede entender, creo, de dos maneras diferentes:

        – Materialismo Tipo 1: no existen aspectos inmateriales en la realidad, y todo se explica por los aspectos materiales y las leyes físico-mecánicas. Esta postura es a mi modo de ver inaceptable, deja demasiadas cosas sin explicar: arte, ética, tecnología (sin ninguna necesidad de mencionar la religión). Es el tipo de materialismo que critico en este artículo.

        – Materialismo Tipo 2: existen aspectos inmateriales (señaladamente, el comportamiento inteligente y libre), aunque no de forma independiente de lo material. Las almas existen en esta concepción, aunque no son inmortales; Dios, espíritu puro, no existe. No me parece incoherente de partida, y el que pretenda rechazarlo tiene una tarea bien difícil por delante.

        Por todas las conversaciones y debates que hemos tenido, creo que no me equivoco si digo que eres un materialisa de Tipo 2. No obstante, pienso que en el lenguaje ordinario esto no es lo que la gente suele entender por materialista.

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      • Hola,
        sí, me apunto al tipo 2 aunque creo que pongo más condiciones para la interacción “materia-inmateria”, es fácil, aceptando este materialismo, caer en dualismos del tipo “lo inmaterial no responde de las leyes materiales”, creando dos mundos que antes llamaba platónicos.
        El pobre descartes, con todo lo majo que hizo, sólo alcanzó a sugerir la glándula pineal como punto de engarce de estos dos mundos pero, al menos, es más de lo que tenemos acá hasta ahora.
        ¿Cómo interacciona espíritu y materia? Esa pregunta es la clave y todo lo demás son corolarios a su respuesta, según mi humilde opinión.

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  4. Pablo,

    >> es fácil, aceptando este materialismo, caer en dualismos del tipo “lo inmaterial no responde de las leyes materiales”, creando dos mundos que antes llamaba platónicos.

    Insisto. La salida de este atolladero está en dejar de considerar que lo material y lo inmaterial son cosas. No son cosas, son aspectos, puntos de vista acerca de la realidad.

    Volviendo a un ejemplo que te ha gustado: lo rectangular no responde a las leyes del color, y lo blanco no responde a las leyes de la geometría. Lo rectangular y lo blanco son aspectos de la hoja de papel, y cada uno de esos aspectos tiene sus propias leyes. Dualidad de aspectos, pero no dualismo de sustancias.

    >> ¿Cómo interacciona espíritu y materia?

    De ninguna manera, porque no son cosas, no son realidades independientes, sino aspectos de una única realidad. Muerto el perro, se acabó la rabia.

    Toda la filosofía moderna (quizás exagero un poco) parte del postulado de que la res extensa (“la cosa extensa, medible”, lo material) y la res cogitans (“la cosa pensante”, lo inmaterial) son sustancias independientes. No aceptemos ese postulado, no entremos en el callejón sin salida que nos ofrece Descartes, y veremos la luz.

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    • Me parece una solución meramente lingüística de un problema ontológico. Si una misma entidad posee aspectos que parecen no poder convenir a un solo estrato ontológico (por ejemplo, propiedades que exigen espacialidad y propiedades que exigen ausencia de espacialidad), poco solucionamos diciendo que se trata de diversos aspectos de una misma realidad. Es el viejo truco de Spinoza.

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      • Laureano, gracias por comentar, pero, ¿qué sugieres entonces? ¿Que consideremos que la rectangularidad y la blancura son realmente “cosas” distintas?

        No creo que la “solución” sea meramente lingüística, sencillamente porque pienso que los términos que uso se refieren a aspectos reales, ontológicos. Quizás es lo mismo que tú quieres decir usando el término ‘estratos’ en lugar de ‘aspectos’.

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  5. Si no fueramos realmente libres lo que no tendría sentido es el concepto de justicia.
    Si estamos condicionados la justicia no podría ser algo que dependa de los actos en si sino de la consecuencia de esos actos para el bien común y además debería ser algo que estuviera asimismo determinado.

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    • Completamente de acuerdo. Si no somos libres, no tiene sentido apelar a la justicia para tratar de modificar nuestro comportamiento y que seamos justos. Gracias por tu comentario.

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  6. El libre albedrío supondría estar dotado de la facultad de no elegir, en cada momento, la mejor opción posible que nuestro cerebro nos ofrece.

    Esto no sería adaptativo y por lo tanto no hay ningún argumento para defenderlo más allá de una deficiencia.

    La creencia en la propia libertad de elección es solo una ilusión, una forma de percibir que lo que hagamos tendrá repercusiones a corto, medio y largo plazo, y un acicate para dedicar tiempo y esfuerzo para obtener toda la información posible antes de tomar la decisión.

    La ética solo es un conjunto de normas que nos ayuda a tomar decisiones acertadas cuando están implicadas otras personas. Pero esas normas son útiles porque en sí mismas constituyen razones objetivas que influyen en nuestras decisiones deterministas.

    Si, en base a la idea de que no existe el libre albedrío, se anularan los castigos, ese hecho se convertiría en un factor decisivo a la hora de que los delincuentes decidieran o no cometer sus fechorías.

    Es decir, que el castigo o el premio es un factor imprescindible para regular la conducta de las personas, animales y hasta redes neuronales sean o no deterministas, tengan o no tengan libre albedrío.

    Saludos.

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    • Yo diría que el castigo y el premio no son imprescindibles. Se trata de conceptos paternalistas que consideran al ser humano dividido en dos categorías: los que mandan y los que obedecen. Es fruto de la característica de la personalidad llamada dominancia (que por cierto, por algún motivo, los psicólogos achacan a los chimpancés, pero no a los humanos).

      El libre albedrío es o no una ilusión en función de como lo definamos. Solemos simplificar demasiado el mapa conceptual mezclando lo que tiene referencia en el mundo físico con lo que solo existe en nuestro mundo mental.

      De esta manera, si se quiere modificar tu comportamiento, no es necesario que seas consciente de lo que se hace para lograrlo; todos solemos tirar por el camino más fácil, es solo cuestión de modificar el entorno. La libertad, por otra parte, es solo una sensación; está en tu mano sentirte libre, si así lo prefieres, estés en la situación que estés. No digo que sea fácil, solo que siempre es posible; piensa que hay personas capaces de resistir las peores torturas o renunciar a grandes premios. Si eso no es ser libre, ya me dirás en que prefieres que consista eso.

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      • Miguel, en el primer comentario afirmas que “la consciencia es solo una propiedad de nuestro organismo”. ¿Eres materialista emergentista?

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  7. Rawandi, no te puedo contestar en el hilo, porque no me aparece el botón de responder. Sinceramente, no me preocupo por como se denominan las diferentes corrientes de pensamiento (pereza, culpa mía), pero buscando por ahí, sí, me podría definir como materialista seguro, y también como emergentista. Soy un apasionado de los sistemas complejos y de la teoría del caos.

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    • Yo también soy materialista emergentista. Lo que me extraña es que Gonzalo respondió que estaba “muy de acuerdo” con lo que habías dicho, cuando en realidad él defiende el hilomorfismo, doctrina aristotélica incompatible con el materialismo emergentista.

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  8. Rawandi, ¿estás sugiriendo que por ser etiquetados de manera diferente debería estar en desacuerdo con todo lo que escriba Miguel? ¿Es así como tú actúas?

    He vuelto a leer el comentario de Miguel, y realmente la única frase con la que discrepo es la última (Sabemos que somos libres simplemente porque es así como llamamos a la sensación de serlo), algo que por cierto ya he comentado anteriormente, porque no me parece correcto reducir el libre albedrío a una sensación: Lo que yo digo es que la noción de libertad casa con (explica, da cuenta de) nuestra experiencia cotidiana, de una forma que el determinismo no puede hacer.

    Yack, me temo que tu comentario incurre en la falacia del neuro-abogado, seguramente no te das cuenta. La ética solo es un conjunto de normas que nos ayuda a tomar decisiones acertadas cuando están implicadas otras personas. Si el libre albedrío es una ilusión, y todo nuestro comportamiento está determinado, entonces no hay decisiones más o menos acertadas. Sería como decir que es más o menos acertado que dos átomos de hidrógeno se enlacen para formar una molécula. Se enlazan, y punto. O no se enlazan, si las condiciones no lo permiten.

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    • Gonzalo, yo únicamente me he referido a una frase de Miguel que a mí me sonó típica de un materialista emergentista. La frase en cuestión era esta: “la consciencia es solo una propiedad de nuestro organismo”. Miguel ha confirmado que mi suposición era correcta, es decir, que él entiende la consciencia igual que lo hago yo, como una propiedad emergente de la materia corporal. Dado que tú no eres materialista emergentista, deduzco que tienes que discrepar de Miguel y de mí en ese punto concreto.

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      • Rawandi, la frase que citas de Miguel no me produce especial incomodidad, porque se puede interpretar de varias maneras. La clave está en no considerar que un organismo es pura materialidad, es decir, que la consciencia no se puede explicar en términos puramente materiales.

        Sobre el emergentismo ya he expresado mi postura en un comentario anterior en este mismo artículo: el emergentismo no sirve como explicación, aunque pueda ser verdadero en un sentido más restringido, como constatación de lo que ha ocurrido. Es como llegar a un manantial en la montaña, y preguntarse: -“¿Por qué hay un manantial aquí?” -“Es que emerge de la roca”. Es verdad que emerge, pero eso no es una explicación, es una mera constatación.

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      • “La clave está en no considerar que un organismo es pura materialidad”

        Pero esa asunción tuya resulta anticientífica, porque según la ciencia moderna los organismos son materia y nada más que materia. En consecuencia, todas las propiedades de los organismos son propiedades de su materia, es decir, son propiedades materiales. Dos ejemplos de propiedades materiales emergentes son la vida y la conciencia.

        “¿Por qué hay un manantial aquí?”

        La explicación científica sería que el agua filtrada desde zonas más altas ha topado con una capa impermeable que la ha obligado a salir por ese punto concreto. ¿No tienes suficiente con esa explicación materialista? ¿Acaso añoras una explicación animista (o espiritualista)que invoque a alguna náyade o a alguna otra deidad invisible? Pues me temo que las supercherías animistas han sido refutadas hace ya mucho tiempo por la ciencia moderna.

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      • Rawandi dice: “Pero esa asunción tuya resulta anticientífica, porque según la ciencia moderna los organismos son materia y nada más que materia.”

        Nunca deja de sorprenderme la desfachatez con que los ateos lanzan afirmaciones claramente falsas, como si fuesen verdades inviolables. Supongo que siguen esta regla: “una falsedad afirmada cien veces, siempre convencerá a alguien”.

        ¿Qué es materia? La definición más amplia (aunque no sea exhaustiva) es esta: “materia es todo aquello que la ciencia puede estudiar”. Si esto es así, es evidente que la ciencia no puede demostrar que sólo existe la materia, o que los organismos sólo son materia. O sea, que lo que es anticientífico en esta discusión es la afirmación de Rawandi. Es posible convencer a un ateo concreto de que esa afirmación no es científica, pero no tarda en salir otro que la repite.

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      • Manuel, la ciencia se guía por el principio de que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Por ejemplo, si alguien afirma, sin aportar ninguna prueba, que en un manantial hay una ninfa como las de la mitología griega, entonces lo sensato es negar provisionalmente su extraordinaria afirmación. Del mismo modo, si alguien afirma, sin aportar ninguna prueba, que en todo organismo hay un espíritu, entonces lo sensato es negar provisionalmente su extraordinaria afirmación.

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      • Distingamos: decir que hay una ninfa en un estanque no es una afirmación científica, sino histórica. El procedimiento para tratarla es completamente distinto, porque no se puede experimentar; hay que recurrir a testigos y tener en cuenta su credibilidad.

        Ante una afirmación sobre la que la ciencia no tiene medios para decidir, la postura científica correcta no es negarla, que es dogmática, sino mantener la mente abierta.

        Y sobre lo que estamos discutiendo aquí, la libertad humana o la consciencia, si se quiere, no se puede decir que no tengamos datos. Los tenemos. Cada uno de nosotros sabe por experiencia propia que actúa con intención, que le influyen las causas finales y no sólo las eficientes, que son las únicas que maneja la ciencia. Por lo tanto, la postura científica correcta en ningún caso puede ser negar la posibilidad del espíritu. Tanto más puesto que, si existe el espíritu (y no se reduce a la materia) está por definición fuera del alcance de la ciencia, que sólo tiene acceso al mundo material.

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      • Manuel, la historia es una ciencia porque funciona aplicando el mismo método científico (a saber: la observación racional) que también aplica el resto de las ciencias. Para averiguar si hay o no una ninfa en un lugar concreto, debemos aplicar el método científico, y si resulta que al final no hallamos ninguna prueba que avale la ‘extraordinaria’ afirmación del supuesto testigo, entonces debemos concluir provisionalmente que estamos ante un embaucador o un alucinado. Esto no es “dogmatismo”, sino aplicación del método científico.
        La idea de un espíritu que sobrevive a la muerte del organismo es al menos tan extraordinaria como la de la ninfa. Mientras siga sin aparecer ninguna prueba en su favor, el método científico nos obliga a negar provisionalmente la existencia de los espíritus separables de los cuerpos. Lo que sí existe es la conciencia, pero esta no es separable del cuerpo, por la sencilla razón de que es una propiedad de la materia corporal.

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      • Rawandi escribió: “Manuel, la historia es una ciencia porque funciona aplicando el mismo método científico (a saber: la observación racional) que también aplica el resto de las ciencias.”

        Hay cierta tendencia hoy día a confundir ciencia con razón. El método científico y el método histórico son muy distintos. Los dos son racionales, pero ciencia y razón no son sinónimos. Considerarlos como tales elimina diferencias y provoca equívocos.

        Rawandi escribió: “La idea de un espíritu que sobrevive a la muerte del organismo es al menos tan extraordinaria como la de la ninfa. Mientras siga sin aparecer ninguna prueba en su favor, el método científico nos obliga a negar provisionalmente la existencia de los espíritus separables de los cuerpos.”

        Conozco ese argumento. Usualmente lo utilizan los ateos para negar la existencia de Dios. Como dije en mi libro “¿Es compatible Dios con la ciencia?” los ateos siempre tratan de cargar los dados a su favor. El argumento no vale, porque Dios no es ni puede ser objeto de la ciencia. Su existencia (o inexistencia) es algo que la ciencia jamás podrá demostrar, porque Dios no es un objeto físico. Por lo tanto, la postura científica razonable no es negar, sino no pronunciarse.

        Si pasamos de la ciencia a la razón, la situación es diferente. Se pueden comparar las dos afirmaciones “Dios existe” y “Dios no existe” tomándolas alternativamente como axiomas, viendo a dónde nos dirige cada una de ellas, y comparando los resultados con el mundo real. Por ejemplo:

        Si Dios existe y ha creado el universo, es lógico que éste parezca especialmente diseñado para la aparición de la vida y el hombre. ¿Qué interés podría tener para Dios crear un universo totalmente inerte?
        Si Dios no existe y el universo ha surgido espontáneamente, no parece probable que éste parezca diseñado para la aparición de la vida y el hombre.
        Es así que el universo parece especialmente diseñado para la aparición de la vida y el hombre.
        Luego el mundo real se adapta mejor al axioma teísta que a su contrario.

        El método científico no obliga a negar la existencia de los espíritus separados de los cuerpos. Ante una cuestión no científica, la postura científica no es negarla, sino no pronunciarse.

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      • “El método científico y el método histórico son muy distintos”

        No es verdad. Por ejemplo, un paleontólogo busca fósiles para analizarlos racionalmente, y un historiador de la Antigüedad busca textos para analizarlos racionalmente. El paleontólogo y el historiador aplican exactamente el mismo método científico, ya que ambos someten a escrutinio racional las pruebas que encuentran. El paleontólogo y el historiador se diferencian por su objeto de estudio, no por su método.

        “el universo parece especialmente diseñado para la aparición de la vida y el hombre.”

        La aparición de nuestra especie es un muy reciente fruto azaroso de la ciega evolución por selección natural. Por tanto, la hipótesis animista de Dios (una supuesta voluntad incorpórea) es innecesaria. Además, dado el carácter derrochador y sangriento del proceso evolutivo, de haber un dios, debería ser el dios del deísmo (un intelecto apático que se desentiende de su creación), no el dios del “teísmo” (un hacedor de milagros que interacciona con sus criaturas).

        Ciertamente, las constantes físicas parecen finamente ajustadas para permitir la aparición de la vida, pero dicho ajuste se explica mucho mejor con la hipótesis científica del multiverso (vivimos en uno de los pocos universos cuya combinación de constantes hace posible la vida) que con la hipótesis animista de Dios.

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      • Rawandi dice: “No es verdad. Por ejemplo, un paleontólogo…”

        La Paleontología no vale como ejemplo de semejanza de métodos: la Paleontología es una mezcla de historia y de biología, por lo tanto, su método tiene componentes del método científico experimental y del método histórico. Sigo afirmando lo mismo: El método científico y el método histórico son muy distintos.

        Rawandi dice: “La aparición de nuestra especie es un muy reciente fruto azaroso de la ciega evolución por selección natural…” Y más tarde dice: “El ajuste se explica mucho mejor con la hipótesis científica del multiverso…”

        Casualmente conozco a fondo las teorías del multiverso (hay seis, incompatibles entre sí), habiendo publicado varios artículos científicos sobre el tema en revistas de impacto. También he trabajado en el campo llamado “vida artificial”, que utiliza la evolución genética como herramienta. Por eso me considero capacitado para discrepar de las dos afirmaciones citadas en el párrafo anterior a este.

        He tratado ambas cuestiones con bastante detalle en mi libro “¿Es compatible Dios con la ciencia?” Ahí explico los argumentos que echan por tierra las dos afirmaciones anteriores. Como se trata de un libro, es demasiado largo para exponerlo aquí. Por mi parte, no tengo más que añadir a esta discusión.

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    • Cuando tienes que tomar una decisión, evalúas los datos disponibles y recabas otros nuevos si no lo ves claro. Un programa de ajedrez siendo determinista toma decisiones procurando que sean correctas, es decir que satisfagan el objetivo de ganar. Y además de considerar las posiciones de las piezas, se esfuerza en explorar todo el campo de posibilidades futuras, como hacemos nosotros. La ética solo es un conjunto de normas adicionales que hay que tener en cuenta en ciertas decisiones, tanto para alcanzar el objetivo que buscamos como para no sufrir represalias sociales que resultan dolorosas. La búsqueda del placer o la evitación del dolor, como principio, organiza automáticamente todos nuestros recursos intelectuales, y el libre albedrío solo sería la capacidad para no elegir la mejor opción, considerando las consecuencias a corto, medio y largo plazo.
      Saludos.

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      • Yack, dices que La ética solo es un conjunto de normas adicionales que hay que tener en cuenta en ciertas decisiones, tanto para alcanzar el objetivo que buscamos como para no sufrir represalias sociales que resultan dolorosas. La clave está precisamente en por qué hay que tener en cuenta esas normas, por qué hay que perseguir un objetivo en lugar de otro. Este “imperativo” no se puede explicar desde dentro de la norma, porque es más bien el imperativo lo que explica la norma, no al revés. El ejemplo del ajedrez es muy bueno: el programa toma decisiones para ganar, pero no se autopropone ganar; eso es una finalidad que le ha sido impuesta desde fuera. El determinismo no puede explicar la ética, hace falta algo diferente, que califica a los objetivos como deseables o no.

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  9. El origen de la norma, de lo que está bien o mal fue impuesto por la selección natural a los seres vivos y estos por extensión lo impusieron a los artefactos que crearon como una ayuda extra para alcanzar sus objetivos: sobrevivir y prosperar, que no es sino una estrategia para garantizar la supervivencia de su propia estructura en competencia con el entorno..

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  10. Yack, la selección natural puede explicar el origen de los instintos animales, que son “obedecidos” ciegamente, sin ninguna necesidad de reflexión. En cambio, la selección natural no puede explicar la ética, cuyas normas no son seguidas ciegamente, sino porque son entendidas por la razón y obedecidas libremente. Salvo que tú pienses (sospecho que es así) que la ética no es más que instintos, lo cual equivale a la disolución de la ética en biología. En cuyo caso, efectivamente, no hace falta ser libres para seguir un determinado patrón de comportamiento. Pero, por lo mismo, tampoco hace ninguna falta considerar si los objetivos son buenos o malos, acertados o errados: los objetivos se persiguen sin más. La selección natural (como la inteligencia artificial, con matices) puede encontrar estrategias adecuadas a un fin dado, pero lo que no puede hacer es seleccionar los fines. La supervivencia es ciertamente un “imperativo biológico”. Pregúntate esto: ¿es también un imperativo ético, asumido consciente y libremente? ¿Por qué?

    Rawandi: todas las propiedades de los organismos son propiedades de su materia. Pienso que caes en el error cartesiano de sustancializar la materia. La materia no es una cosa, sino un aspecto de la realidad. No es que la conciencia o la vida sean propiedades de la materia, es que la materia ¡también es una propiedad! Es decir, tanto lo material como lo estructural, o lo vital, son propiedades de la realidad; en el caso de los organismos, de la realidad viva. Y, por supuesto, como ya te ha dicho Manuel, lo que es anticientífico es tu pretensión de que el reduccionismo materialista es científico.

    Sobre la emergencia y el manantial. Precisamente la explicación que das es un ejemplo de que no vale con decir que el manantial ha emergido, sino que buscamos una explicación en las filtraciones del agua. Del mismo modo que sería totalmente insuficiente pretender que un rascacielos “emerge” de sus átomos (lo cual, insisto, es verdad, pero solo en un sentido muy, muy restringido, y por tanto insuficiente). Lo que yo digo es, simplemente, que apelar a la emergencia no es explicar nada. De ninguna manera estoy apelando a entidades míticas (náyades o deidades), y si piensas que lo hago es que no has entendido nada del razonamiento (o que quieres crearte un hombre de paja para recurrir a tus argumentos preferidos).

    Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Conforme. Y a la vez, explicaciones insuficientes son insuficientes, y no dejan de serlo por mucho repetirlas; o, como dice Pseudópodo, una palabra como “epifenómeno”, por muy esdrújula que sea, no explica nada.

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    • La vida y la conciencia son propiedades que únicamente conocemos en la materia, y por tanto las dos son a todas luces propiedades materiales, no meramente “propiedades de la realidad”.

      La forma abrupta en que has saltado del ejemplo del manantial (cuya existencia se explica de forma ateleológica) al ejemplo del rascacielos (no explicable sin apelar a algún intelecto) confirma mis sospechas de que estás intentando defender la existencia de alguna entidad mítica, seguramente alguna deidad.

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      • >> La vida y la conciencia son propiedades que únicamente conocemos en la materia, y por tanto las dos son a todas luces propiedades materiales

        Enhorabuena, un ejemplo de libro de la falacia non sequitur (consecuencia indebida).

        Decir que la conciencia es una propiedad material del cuerpo es tan naif como decir que el significado de “2” es una propiedad material de la tinta.

        >> confirma mis sospechas de que estás intentando defender la existencia de alguna entidad mítica

        Me temo que basta con muy poco -o nada- para confirmar tus sospechas. No, no hay dragones.

        Ni el manantial ni el rascacielos se explican simplemente diciendo que “emergen”. Ciertamente, cada uno requiere causas explicativas diferentes. Pero no veo qué pintan aquí las entidades míticas que tanto te obsesionan. En lugar de defender tu postura sobre el emergentismo -tal vez podrías decir algo interesante-, te dedicas a echar balones fuera.

        Y, por cierto, sobre los diversos sentidos de la teleología (sin entidades míticas, naturalmente) he publicado un artículo hace apenas dos meses, que parece que has leído, pero tampoco has entendido. Este debate ya se está pareciendo demasiado a aquel, y no estás aportando ninguna idea nueva, te limitas a repetir machaconamente las mismas ideas que ya han sido de sobra refutadas.

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      • “Decir que la conciencia es una propiedad material del cuerpo es tan naif como decir que el significado de “2” es una propiedad material de la tinta.”

        Que la conciencia es una propiedad material del cuerpo quizá suene naif, pero es lo que defiende casi toda la comunidad científica actual. Científicos animistas como Eccles ya van quedando pocos.

        El significado de un número 2 hecho de tinta le pertenece obviamente a esa tinta concreta, y por tanto, aunque suene naif, es correcto decir que ese significado es una propiedad material de esa tinta.

        “Me temo que basta con muy poco -o nada- para confirmar tus sospechas. No, no hay dragones.”

        La verdad es que tú tampoco contribuyes a disipar esas sospechas cuando en este mismo hilo has mostrado tus simpatías hacia las ideas del jesuita Teilhard, un místico que se movía más en el campo de la pseudociencia que en el de la ciencia.

        “Ni el manantial ni el rascacielos se explican simplemente diciendo que “emergen”.”

        Yo nunca he dicho “simplemente” que la conciencia “emerge”. Lo que he dicho es que la conciencia emerge “de la materia”, y esa es precisamente la explicación científica actual de la conciencia.

        “Y, por cierto, sobre los diversos sentidos de la teleología (sin entidades míticas, naturalmente) he publicado un artículo”

        Si no quieres que te tomen por un animista, te recomiendo que reserves el término ‘teleología’ exclusivamente para referirte al propósito de alguien.

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      • >> Que la conciencia es una propiedad material del cuerpo quizá suene naif, pero es lo que defiende casi toda la comunidad científica actual.

        Soy consciente de que no sigo la corriente mayoritaria. ¿Y qué? Lo importante no es seguir a la mayoría, sino a los que explican mejor. Por eso me esfuerzo por dar argumentos sólidos. Que no lo logre ya es otra cosa. Si no consigo convencer, al menos aprenderé de lo que digan otros con inteligencia.

        >> El significado de un número 2 hecho de tinta le pertenece obviamente a esa tinta concreta

        Demuestra que entiendes muy poco de filosofía del lenguaje, muy desarrollada en el siglo XX.

        >> en este mismo hilo has mostrado tus simpatías hacia las ideas del jesuita Teilhard

        Tengo simpatía por muchos filósofos de muchas corrientes, y no me trago entero lo que dice ninguno de ellos.

        >> Yo nunca he dicho “simplemente” que la conciencia “emerge”.

        Entonces, si no es “simplemente”, significa que la emergencia es una explicación verdadera, pero insuficiente. Ahí estamos de acuerdo.

        >> Si no quieres que te tomen por un animista, te recomiendo que reserves el término ‘teleología’ exclusivamente para referirte al propósito de alguien.

        Me importa poco la etiqueta que me pongas. En el artículo referido, que parece que has comentado sin leerlo, distingo perfectamente entre teleología como propósito consciente y otras formas de finalidad no consciente.

        Me da la impresión de que tus convicciones antirreligiosas te tienen prisionero dentro de un burdo materialismo fisicalista que es racionalmente muy endeble. Detrás de cualquier postura que vaya más allá de la pura materia y las interacciones físicas no ves otra cosa que fantasmas y criaturas míticas. Pero tranquilo, puedes abandonar ese materialismo naif y seguir siendo ateo, como ya le expliqué a Pablo, un poco más arriba en este mismo hilo.

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