Todo lo que cuenta puede ser contado

(Escribí este texto hace varios años. Lo publico ahora como contraste a la entrada anterior. Por eso el primer párrafo es en cierto modo repetitivo, aunque he preferido dejarlo así como estaba.)

No todo lo que cuenta puede ser contado,
ni todo lo que puede ser contado cuenta.

Esta frase aparece citada miles de veces en la red, atribuida de modo prácticamente unánime a Albert Einstein. Es sin duda interesante que el icono de la ciencia moderna se manifieste en contra de la extendida convicción de que sólo es real lo que se puede medir. Pero como de todo hay en Internet, también hay buscadores de la autenticidad de las citas, que realizan una magnífica tarea de destrucción de mitos innecesarios. En este caso concreto hay evidencia suficiente de que las palabras citadas fueron más bien acuñadas por el sociólogo William Bruce Cameron, años después de la muerte de Einstein. Cameron no será tan conocido como Einstein, pero la sabiduría de un dicho está en la verdad que contiene, no en la fama de quien lo pronuncia.

Otro Cameron, de nombre James, expresa el punto de vista estándar (sólo es real lo que se puede medir) a través de la doctora Grace Augustine, la exo-bióloga protagonista de la película Avatar. En su disputa con los malvados que sólo piensan en explotar los recursos naturales del planeta-luna Pandora, aun a costa de la biodiversidad y cultura indígenas, dice ella para defender la autenticidad de lo que quiere proteger:

Esos árboles son sagrados para los Omaticaya (…),
yo no hablo de ninguna especie de vudú pagano o algo así,
hablo de algo real, algo mensurable en la biología de la selva.

Es decir, lo sagrado es real porque es medible. Es curioso que estas palabras en verdad son innecesarias para conseguir el propósito de la narración, puesto que mucho antes de oírlas el espectador ya está convencido de que lo sagrado que ocurre en Avatar, y que los humanos apenas comprenden, es real aunque no fuera medible, contable.

Para expresar la autenticidad de esas “realidades” que están más allá de lo medible, pesable y experimentable, como es por ejemplo el mundo de los valores éticos, la libertad y la dignidad, el verbo “contar” permite en castellano un juego de palabras imposible en inglés y otros idiomas. Podemos decir que los cuentos pueden contar, mejor que complicados razonamientos, las cosas que cuentan de verdad. Sirva el que sigue de homenaje a los que prefirieron dar su vida antes que salvar el pellejo.

¿Héroes o autómatas?

– ¿Por qué hacemos esto, Akira? Tengo miedo.

– Sí, te entiendo, Takeshi. Yo también tengo miedo.

– Haruko, la de Suministros, dice que lo tenemos escrito en nuestros genes. Yo antes pensaba así, pero ya no lo tengo tan claro.

– ¿No?

– No. No creo que mis genes me obliguen a hacer esto. Entendería que mis genes me impulsaran a salvar el pellejo. Pero no a esto.

– Te complicas demasiado, Takeshi. Lo que hacemos está bien, es lo que hay que hacer, y ya está.

– Akira, sabes que vamos a morir, ¿no?

– Muy probablemente.

– ¿Y por qué lo hacemos? ¿Por salvar a una Humanidad con una historia llena de crímenes?

– Tal vez por salvar a una Humanidad con una historia llena de personas como tú, Takeshi.

– Pero yo sé que puedo ponerme el traje y montarme en el camión, o puedo quedarme aquí y volver a casa. O mejor, irme lejos, a San Francisco. Sé que puedo elegir. Y también sé lo que debo hacer. ¿Cómo puede estar todo esto escrito en mis genes?

– No lo sé. Pregúntale a Haruko, la de Suministros.

– Se ha ido a San Francisco.

– Ah, vaya. Tal vez sus genes eran distintos.

(Akira y Takeshi no eran ingenieros de la central nuclear Fukushima I en marzo de 2011. Pero podían haberlo sido.)

Créditos de las imágenes

James Cameron, Avatar, 2009.

https://en.wikipedia.org/wiki/Fukushima_Daiichi_nuclear_disaster

2 pensamientos en “Todo lo que cuenta puede ser contado

  1. Creo que la “disputa” entre los valores y lo material/mensurable es un tema que pasa desapercibido en la sociedad actual (no es muy pensado por lo general) a favor de un racionalismo muy extendido el cual, cada vez, parece estar llevándonos a una “deshumanización” lenta, pero marcada.

    Siguiendo con el ejemplo del caso de héroes o autómatas, no hace falta llegar hasta el punto de dar la vida por algo o salvar el pellejo. Al final, son las pequeñas y cotidianas acciones, cálidas, tiernas, afectuosas, las que marcan la diferencia: abrir una puerta para alguien, ayudar a un anciano a cruzar, ayudar a una persona a subir por unas escaleras el carrito de su bebé, dar los buenos días, escuchar a nuestros seres queridos… al final no dejamos de ser seres sociales a los que nos gusta tocar y ser tocados, escuchar y ser escuchados, ser queridos, al fin y al cabo… pero parece que, la retroalimentación personal que esto supone para uno mismo, ya no es suficiente para no dejar de hacer eso, solo pareciendo bastar aquellos actos que tengan un valor de vuelta cuantificable y notable para motivarnos a tomar algunas acciones.

    ¿Es quizás esta tendencia excesiva del sobrecontrol y lo medible lo que nos está, propiamente dicho, controlando/amansando/difuminando en nuestra esencia social y humana?

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    • Hola Ignacio,

      Estoy de acuerdo contigo. Si no somos capaces de superar la barrera del dar solo para recibir una recompensa cuantificable, no alcanzaremos nunca nuestra plena humanidad.

      Un saludo y gracias por tu comentario.

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