Qué es una máquina (1): Máquinas y sistemas mecánicos

Esta es la primera de una serie de tres entradas publicadas originalmente en Naukas como una unidad.

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Empecemos por lo más obvio: una máquina es un sistema mecánico, es decir, gobernado por las leyes de las interacciones físico-mecánicas (y por extensión, todas las leyes que gobiernan el universo material, por ejemplo las leyes de la química). Una polea o un motor son máquinas clásicas, pero también lo son una pila alcalina y un microprocesador, aunque no tengan piezas móviles. Ahora bien, ser un sistema mecánico, ¿es eso todo?

De acuerdo con esta noción de máquina, que solo considera los aspectos físicos o mecánicos, el Sistema Solar es una máquina. Pero, ¿lo es? Me parece bastante obvio que no: el Sistema Solar no es una máquina, porque no ha sido diseñado. Solo si pensamos que el Sistema Solar ha sido construido por una poderosa civilización extraterrestre (una hipótesis que tal vez no queramos descartar del todo), que ha calculado y ha establecido el tamaño del Sol y las órbitas de los planetas para que la zona habitable sea la que es, y entonces pueda surgir la vida en el planeta Tierra, etc., solo entonces el Sistema Solar sería una máquina, porque habría sido diseñado con vistas a un objetivo. En cambio, si no ha sido diseñado con un propósito determinado, entonces el Sistema Solar no es propiamente una máquina, aunque metafóricamente podamos referirnos a él como tal.

¿Es el Sistema Solar una máquina?

Es decir, el concepto de máquina comprende dos aspectos diferentes, pero inseparables: algo sujeto a leyes mecánicas y algo diseñado para un fin. Por eso resulta equívoco usar el término “máquina” para referirse a un “sistema mecánico no finalizado” (es decir, sin finalidad) tal como el Sistema Solar. Y también sería totalmente incorrecto omitir el aspecto de finalidad y decir que una máquina es un conjunto de elementos materiales que realiza acciones exclusivamente físicas, ya que el elemento omitido es absolutamente esencial. Aún más incorrecto sería pretender que el funcionamiento de la máquina es explicable solo en términos de las interacciones mecánicas entre sus componentes, sin tener en cuenta el “para qué” de esas interacciones. Lo primero para entender una máquina, mucho más importante que su estructura física, es su finalidad.

En esta línea, los diccionarios definen sabiamente la noción de máquina como “agregado de diversas partes ordenadas entre sí y dirigidas a la formación de un todo” (Real Academia Española), o como “estructura material diseñada para un propósito específico” (Oxford English Dictionary), etc. [1]. El punto clave está aquí en las palabras ‘dirigido’ y ‘diseñado’, que subrayan la naturaleza intencional de la máquina, es decir, el hecho de que tiene un propósito o intención. (Notemos, no obstante, que propiamente hablando ‘diseño’ es un término más amplio que ‘propósito’. El diseño abarca el propósito, pero también la estructura, la elección de materiales empleados, etc.)

Tener un propósito o intención no necesariamente implica ser consciente. Es obvio que un reloj o un termostato pueden tener un propósito sin necesidad de ser conscientes, puesto que ese propósito les ha sido impuesto desde fuera. El reloj no tiene ninguna intención voluntaria y consciente al decir las horas; somos nosotros los que interpretamos el movimiento del reloj en términos de la división convencional del paso del tiempo. Decir la hora es una interpretación del movimiento del reloj y, siendo una interpretación, corresponde a un acto mental que proviene de fuera del reloj mismo y ha sido implementado en él. Podemos decir con toda propiedad que el reloj dice la hora, pero no porque quiera conscientemente, sino porque es la materialización de un acto mental exterior a él, a saber, el propósito con el que ha sido construido. De la misma manera, un termostato no se da cuenta de que mide la temperatura; son el fabricante y el usuario quienes lo hacen: es aquí donde encontramos el propósito, la intencionalidad, el significado.

En definitiva, las acciones de una máquina no son exclusivamente físicas ni pueden explicarse exclusivamente como interacciones mecánicas: son acciones intencionales, acciones dotadas de significado, dirigidas a un propósito, que alguien ha establecido desde fuera de la máquina. Por eso es imposible entender una máquina sin entender su finalidad. Y, desde luego, una máquina no necesita ser consciente para tener un propósito y ejecutar acciones intencionales que sean significativas para una consciencia externa a ella. Para un desarrollo más técnico de las ideas expuestas aquí, ver la referencia [2].

Mañana seguiré explorando este tema de la intencionalidad de las máquinas con un sencillo y barato experimento mental.

NOTAS

[1] Otras definiciones interesantes: “un instrumento (tal como una palanca) diseñado para transmitir o modificar la aplicación de potencia, fuerza o movimiento” (Merrian-Webster Dictionary); “una máquina usa energía (power) para aplicar fuerzas y controlar el movimiento con el fin de realizar una acción intencionada (intended)” (Wikipedia).

[2] Gonzalo Génova, Ignacio Quintanilla Navarro. Discovering the principle of finality in computational machines. Foundations of Science. Published online 13 February 2018. El manuscrito está accesible desde mi página académica personal.

Créditos de las imágenes

http://www.astromia.com/solar/planetas.htm

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